sábado, 13 de septiembre de 2014

UNA ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCION



Este es el nombre del libro de entrevistas a grandes novelistas del siglo pasado, publicado por editorial “Bitácora” de Buenos Aires, que constituye un verdadero bocado de cardinale, para aquellos que nos encanta escudriñar sobre el proceso creativo de nuestros autores preferidos. Recuerdo la lectura del texto que recopiló las entrevistas realizadas en las paginas “The Paris Review”, el cual fue una verdadera revelación, trajo secretos insólitos, aún lo leemos con sumo agrado y de hecho hay claves inolvidables. El libro Lawrence Grobel, suscita sorpresas a granel. Primero las entrevistas realizadas no son hechas desde la esclerótica del experto, del crítico consumado, sino desde la mirada acuciosa de un excelente periodista. En mi vida personal tuve la dicha de compartir con algunos escritores Colombianos en medio de una informalidad total y muchas veces después de estas conversaciones, hubiese preferido no haberlos conocido, pues el don de la palabra no corresponde a sus dotes como escritores y esto nos suscita un desencanto injusto, pues ellos son importantes por sus escritos no por lo que hablan. Lógicamente no es una regla general, sino basta leer o ver, las encantadoras entrevistas de García Márquez, Carlos Fuentes, Cortázar, Kundera, par citar solo algunos. Caso especial las de Borges, el cual se le debe un estudio serio sobre sus conversaciones, que constituyen una obra al margen, tan importante como sus libros. Lo primero que hay que destacar del libro de la referencia es la selección de los escritores: Bellow, Bardbury, Donleavy, James Elroy, Allen Ginsberg, Greeley, Haley, Joseph Héller, Mailler, Joyce Carol Oates entre otros. Cada escritor corresponde a un entorno, a unas influencias y a un imaginario particular que encubre toda su obra, pues la ficción no es otra cosa, que una trasposición lucida de la realidad desde la perspectiva de la narración particular, no importa cuál sea la técnica o los instrumentos de cada creador. Refiriéndose a Carlos Fuentes, Vargas Llosa, escribió sobre el arte de escribir novelas con una lucidez única: “Escribir una novela es una ceremonia parecida al strip-tease. Como la muchacha que, bajo impúdicos reflectores, se libera de sus ropas y muestra, uno a uno, sus encantos secretos, el novelista desnuda también su intimidad en público a través de sus novelas. Pero, claro, hay diferencias. Lo que el novelista exhibe de sí mismo no son sus encantos secretos, como la desenvuelta muchacha, sino demonios que lo atormentan y obsesionan, la parte más fea de sí mismo: sus nostalgias, sus culpas, sus rencores. Otra diferencia es que en un strip-tease la muchacha está al principio vestida y al final desnuda. La trayectoria es inversa en el caso de la novela: al comienzo el novelista está desnudo y al final vestido. Las experiencias personales (vividas, soñadas, oídas, leídas) que fueron el estímulo primero para escribir la historia quedan tan maliciosamente disfrazadas durante el proceso de la creación que, cuando la novela está terminada, nadie, a menudo ni el propio novelista, puede escuchar con facilidad ese corazón autobiográfico que fatalmente late en toda ficción. Escribir una novela es un strip-tease invertido y todos los novelistas son parabólicos (en algunos casos explícitos) exhibicionistas.”[1]
De igual manera estas entrevistas son un strip-tease, de los escritores. Juan Gabriel Vásquez, escribió en “Letras Libres “sobre este libro con precisión de relojero: “Hay confesiones directas o indirectas sobre el oficio. Ahí está Joyce Carol Oates justificando los más de 110 libros que ha publicado: “Quizás tenga que ver con mi taquicardia: si cada vez que me late el corazón no estoy haciendo algo, tengo la sensación de que he desperdiciado el tiempo.” Ahí está Bellow hablando de Las aventuras de Auggie March, una de las grandes novelas del siglo XX: “Fracasé porque al final no pude regir mi descubrimiento, no pude controlarlo”. Ahí está Ray Bradbury, el autor de Crónicas marcianas, recordando que todo el mundo le aconsejó no escribir ciencia-ficción: “De modo que lo que trato de enseñar a los estudiantes es, por el amor de Dios, equivocaos, no acertéis en nada de lo que hagáis”. Hay temas recurrentes, y lo interesante es que suelen ser los más difíciles: el sexo, el dinero, el daño que puede causar el éxito. Joseph Heller, arquetipo del escritor que nunca logra superar sus primeros libros, se muestra en cada respuesta resentido por la sombra de Trampa 22: no por nada la entrevista se titula “Compitiendo con el pasado”. Grobel le pregunta a Alex Haley, el autor de Raíces, si el éxito del libro le hizo daño como escritor: “He hablado con tres escritores que han tenido grandes éxitos con un libro suyo”, afirma Haley, “y todos decimos que tenemos miedo de no volver a escribir jamás algo parecido”. Grobel le pregunta a Mailer si manejó mal el éxito que tuvo con Los desnudos y los muertos. “Sí”, dice Mailer, “pero no le doy demasiadas vueltas. Era totalmente imposible que lo llevara bien.”

Este libro cayó en mis manos después de estar confidencialmente leyendo sobre el tema creativo y la novela. El blog “Apostillas literarias” acaba de publicar “"Reglas para la supervivencia de la novela":

1.-. La novela actual -o como quiera llamarse- deberá mostrarse enérgicamente resistente al intento de trasladarla al cine, al telefilme o a la vida el videojuego: la literatura hoy más que nunca debería alzarse como intransferible porque las historias novelescas al aroma del siglo XIX han sido ya usadas con diferentes métodos de explotación y lo fueron, precisamente, porque no existían entonces los guionistas a granel que actualmente redactan para crear productos audiovisuales.
2.- Cualquier obra literaria actual debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura. Es decir, en su habilidad para hacerse indispensable como medio de conocimiento y comunicación peculiar, insustituible en la iluminación y la clase de disfrute que procura. El gusto de la lectura se obtendrá no del artificio argumental, el suspense policiaco, los agentes especiales, los cofres por descerrajar o los misterios divinos, sino de la intensa degustación del texto, sin necesidad de conspiraciones ni extrañas travesías. Los intríngulis de esta literatura son más intríngulis que literatura. Vale para lo que vale y ni una distinción más.

3.- No habrá de valerse la obra de ninguna estructura prefabricada mediante la cual el lector será conducido entre añagazas del oficio hasta la apoteosis final, tan propia de las antiguas revistas y la vulgaridad en las prestaciones. La narración literaria consciente de sí no aspirará a apoteosis final alguna tal como el destino tampoco existe en el proyecto vital de ahora, mientras la metafísica se disipa. Lo que sucede día a día tiene hoy la forma del accidente y el carácter de la inmanencia, posee la belleza de lo instantáneo y la inteligencia de la negligencia. Ha terminado el proceso, la idea de la historia y de su trascendencia. Lo que cuenta es la belleza de la inmediatez, el texto convertido en un gozoso bocado de por sí.

Estos son apenas los tres primeros puntos de diez, aconsejable leer completo el artículo: ww.apostillasnotas.blogspot.com. Queda pues, este texto encantador, para aquellos que adoramos desentrañar el proceso creativo de nuestros escritores preferidos.

[1] Historia secreta de una novela. Mario Vargas Llosa.


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