domingo, 18 de agosto de 2019




La violencia y el abuso contra las mujeres es el pan de cada día en Latinoamérica que aún no soporta dejar el machismo soterrado que tanto dominó a estas sociedades y que continúa cubriendo perversamente conductas que apenarían a cualquier colectivo. El feminicidio endémico parece no parar y develamiento de la poca voluntad de los gobiernos para tomar medidas de cambio dejan mucho que desear como sociedad. Este artículo en una buena medida de lo que pasa, en este caso con un movimiento que languidece en México. Espero mis lectores lo lean y sobre todo que nos sirva para la reflexión. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

Lucía Núñez 01 agosto 2019
Al concentrarse en la actuación de las redes sociales, las críticas al MeToo mexicano pasaron por alto los errores y omisiones del gobierno y las empresas. Es tiempo de hablar de sus responsabilidades, aunque la atención mediática se haya disipado.

Entre el día de hoy y finales de marzo, cuando estalló el MeToo mexicano en redes sociales, pasó ya un buen número de meses que quizá puedan servir para evaluar, con menos urgencia y emociones viscerales, las objeciones que entonces recibió el movimiento. El MeToo mexicano, pensará la mayoría, parece haber desaparecido: ¿por qué seguir ocupándose de él cuando hace tiempo que no se ha posicionado, ni siquiera unas horas, como trending topic? La respuesta es sencilla: conviene mantenerlo en la conversación porque los problemas que señaló –la violencia sexual de género, como la violación, el abuso y el acoso sexual– persisten, y seguirán haciéndolo, en escuelas y oficinas, universidades e instituciones públicas, hasta que todos los involucrados –es decir, la sociedad, y no solo la víctima y su agresor– les pongan la atención debida y demuestren, con soluciones y en los hechos, su compromiso por igualar las condiciones en las que estudian y trabajan las mujeres y los hombres.

Volviendo a finales de marzo, el MeToo fue criticado por muchas personas, entre ellas expertas en el tema de género y algunas feministas. Dijeron que la denuncia informal anónima no estuvo acompañada de una estrategia dirigida a generar una respuesta o una transformación institucional que permitiera el acceso a la justicia, la reparación del daño y la asunción de responsabilidad de los señalados como agresores y de las mismas instituciones. En un principio, mi postura concordaba con esa crítica, sin embargo, se fue matizando hasta la que sostengo ahora: el MeToo en México fue una respuesta espontánea y desesperada a la tolerancia no solo estatal sino también comunitaria de formas de violencia sutiles y evidentes, pero que en su momento, como resultado de la solidaridad y el acompañamiento entre mujeres, pudieron hacerse públicas.
El MeToo no fue un movimiento planeado, más bien surgió de acciones un tanto desorganizadas. En contra del objetivo judicial que la opinión pública quiso imponer, muchos de los testimonios no buscaban iniciar un proceso jurídico, porque las mujeres lo habían intentado antes y había resultado tortuoso e infructífero o porque no querían someterse al revictimizante camino burocrático de la (in)justicia. Bien sabemos que, por el solo hecho de contratar a un/a abogado/a, cuyos honorarios no puede pagar la mayoría, acceder a la justicia es principalmente, aunque no sea el único factor, una cuestión de clase.

De esta manera, el MeToo cobra sentido: no fue estéril por no haber tenido la meta de iniciar un procedimiento de denuncia formal; al contrario, fue valioso por haber colocado en el debate público un tema del que aún no se habla lo suficiente. Solo por poner un par de ejemplos: el problema se debatió ampliamente en abril gracias a las redes sociales, pese a que el Código Penal Federal sanciona el hostigamiento desde 1991 y a que el delito de acoso sexual existe en la Ciudad de México desde 2002. Peor aún, después del movimiento dentro y fuera de redes, el asunto volvió a dejarse de lado. Fuera de los estallidos mediáticos, el acoso, el hostigamiento y las violencias sexuales en general todavía se ocultan, y en no pocas ocasiones se normalizan, toleran o minimizan con pactos patriarcales, que no solo involucran a los hombres sino también a algunas mujeres. El silencio fomenta los abusos de poder cometidos por las/los agresores. En este sentido, el MeToo fue un grito para que el daño se reconozca como tal, no solo por quien lo cometió. El reconocimiento social es el primer paso para la reparación, un reconocimiento que contenga el mensaje de que el dolor causado es real y legítimo, y de que el daño cometido por la persona agresora es reprochable y reprobado. Así, al trascender el marco de lo jurídico y el mecanismo de la denuncia formal, el movimiento habilitó un medio de control informal para presionar en contra de la normalización y el silencio.

Hay que reconocer, además, que las redes sociales abren la posibilidad de la denuncia anónima –lo que reduce el temor que sienten las víctimas a las represalias–, así como su alcance como medio de información masiva, que en la actualidad está transformando las dinámicas sociales y sus relaciones con los aparatos jurídicos penales, las conductas antisociales y la misma concepción de justicia.

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Trascender lo individual
El MeToo no puede ser el único blanco de las críticas. Ante él, las instituciones públicas y privadas no reaccionaron con responsabilidad. Debían haber ido –aún deben hacerlo– más allá de las declaraciones vacías de condena al acoso y a la violencia de género. Las instituciones no son y no deben comportarse como simples espectadoras o testigos de la violencia, ni hacerlo solo cuando estalla el reclamo de las mujeres. En especial, deben apartarse de aquella conveniente visión que afirma que este tipo de violencia solo se ejerce entre individuos aislados y, en cambio, entender que el acoso sexual no es un problema exclusivo del acosador y la víctima. La violencia de género tiene una raíz estructural, y las instituciones públicas y privadas juegan un papel muy importante en su (re)producción y legitimación. Para abordar seriamente el problema en los espacios educativos y laborales, es crucial recordar que esta es una forma de discriminación por sexo, que sufren con más frecuencia las mujeres. La discriminación está relacionada con la desigualdad: entre más grande sea la segunda, más lo será la primera, y el acoso mantendrá su vigencia. Aunque el MeToo haya pasado, las instituciones aún deben examinar las dinámicas y relaciones de poder entre los sexos que su estructura organizacional promueve al interior. Mandar a la agredida a litigar en el ámbito penal en contra de su agresor no transforma las dinámicas de desigualdad de las empresas y las instituciones.

En ese sentido, la postura de los gobiernos federal y de la Ciudad de México, al centrarse en la denuncia penal, reiteraron el tramposo mensaje de que la violencia es un asunto que concierne a la víctima y el victimario. Fue el mensaje de un gobierno que en realidad no comprende ni quiere atender el problema. Las respuestas de otras instituciones, en específico, también fueron limitadas. La Procuraduría de Justicia de la capital buscó a las organizadoras del Foro MeToo, después de que ellas publicaran una carta abierta que solicitó a varias autoridades tomar acciones (que les daba como fecha límite el 6 de mayo). La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México dijo que daría seguimiento puntual a las respuestas y acciones de las autoridades enlistadas en la petición pública de ese foro.

3  La legisladora Lorena Villavicencio dijo que solicitaría a la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados la comparecencia del fiscal general y de los fiscales sobre el seguimiento de las denuncias.


4  Nada de esto sucedió. Pero, aunque hubiera sucedido, hay que considerar que muchas de las conductas denunciadas son delitos de querella, y que la declaración de la legisladora reduce la problemática al ámbito penal.
Por su parte, el presidente de la república puso en evidencia, una vez más, su ya conocido desinterés e incomprensión sobre las cuestiones de género al declarar que el asunto debía ser atendido por el Instituto Nacional de las Mujeres, aislándolo del foco nacional a un mero “tema de mujeres”. Esto además tuvo la esperada consecuencia de la falta de asignación de tareas y responsabilidades a cada secretaría de su gabinete, que deberían garantizar el principio de igualdad y no discriminación y, por ende, la prevención, sanción y reparación de la violencia de género dentro de ellas.

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A su vez, el Instituto Nacional de las Mujeres emitió un irreflexivo comunicado.


6  A pesar de ser la         institución encargada de la transversalización de la política nacional de igualdad (es decir, de garantizar que todas las instituciones de gobierno incorporen y hagan efectiva esa política), también instaba a las denunciantes a formalizar procesos ante las autoridades competentes para abrir investigaciones que resultaran en sanciones y reparaciones del daño. Al hacerlo, trasladó la culpa de la impunidad a las que prefirieron optar por el uso de las redes ante el ineficaz y tortuoso procedimiento judicial. Este instituto actuó, entonces, como policía o fiscal, no como organismo gubernamental para defender los derechos y el bienestar de las mujeres. (¿Acaso las autoridades no deberían preguntarse por qué muchas no denuncian formalmente?)
En tanto, la Secretaría de Cultura federal lanzó un comunicado refrendando la política de “cero tolerancia”.

7  Me pregunto en qué se traduce tal frase, tomada de los programas de represión neoliberal estadounidense, hermanados con el Broken Windows de Rudolph Giuliani, que criminalizó la pobreza y se intentó importar en el entonces Distrito Federal. La cantaleta de “tolerancia cero” es una frase cargada de historia de represión y discriminaciones –Zero Tolerance es también el nombre de la política de Trump contra los migrantes en nuestra frontera norte–. En el caso de la violencia contra las mujeres, pierde todo sentido y se transforma en un mensaje que se oye fuerte pero no activa nada en concreto.
En el ámbito federal como en el local, las secretarías del Trabajo, de Educación y de la Función Pública, ni sus luces. Llama la atención la falta de acciones de la Secretaría del Trabajo porque en esas fechas se discutió en la Cámara de Diputados la aprobación del proyecto de reformas de la ley federal. La nueva legislación es explícita: obliga a los patrones, en acuerdo con los trabajadores, a contar con un protocolo de prevención y atención de la discriminación por razones de género y a la atención de casos de violencia, acoso u hostigamiento (art. 132, XXXI), lo cual será significativo en tanto que sindicatos y autoridades del trabajo se encarguen de vigilar su formulación y puesta en práctica.

8  El papel de los sindicatos en este tema es fundamental, pero en su momento también hicieron mutis.
Quienes representan a las instituciones públicas y privadas deben tener conciencia sobre la posibilidad de ser demandados por quienes hayan sufrido un evento de acoso u hostigamiento, por la vía civil y laboral, o incluso de ser denunciados en el ámbito penal


9  por no cumplir con su obligación de garantizar la no discriminación por sexo. No solo es posible demandar o denunciar a quien agredió sino también a la empresa, dependiendo de las circunstancias. Además, al no contar con los mecanismos o protocolos correspondientes, muchas optaron por despedir al denunciado en redes sociales, sin un procedimiento de investigación y sanción transparente, con lo cual siguen evadiendo sus obligaciones en cuanto a la prevención y atención. Con ese giro engañoso borran su responsabilidad, actuando de manera políticamente correcta, pero sosteniendo, en el fondo, formas organizacionales que producen y perpetúan la desigualdad de género y sus abusos de poder e injusticias.
Más allá del derecho que tiene la persona denunciada en redes sociales para demandar al patrón por despido injustificado, es relevante señalar que con frecuencia los patrones buscan acuerdos oscuros sin las garantías mínimas. El mensaje resulta contraproducente porque uno de los propósitos de la denuncia, ya sea formal o informal, es que exista un reconocimiento del daño por parte del individuo que lo comete, pero también de la sociedad. Con los acuerdos oscuros, quien comete el daño no comprende ni asume su responsabilidad, la institución o la empresa tampoco lo hacen y no se suscita un mensaje de repudio y sanción por parte de la sociedad. Así, se refuerza la idea de que los conflictos no se solucionan por medio de la justicia sino a través de relaciones de poder. Debo agregar que la falta de condena social a la discriminación por sexo, la percepción de las víctimas (muchos aún no consideran esto como una violación de sus derechos) y la consecuente ausencia de mecanismos institucionales y garantías mínimas que hagan viables y procesables los reclamos de discriminación –sin que ello implique la pérdida del empleo– podrían contarse entre las explicaciones de que las mujeres acudan poco al reclamo judicial.

Las empresas privadas y dependencias oficiales deben hacerse responsables por sus ambientes de discriminación. Las escuelas también deben establecer mecanismos para prevenir el acoso y su encubrimiento. El gobierno, al no interpelar a estas instituciones, permitió que las mujeres quedaran relegadas, de nuevo, al litigio individual, que generalmente ocurre en la materia penal. 


Las denuncias del MeToo mexicano fueron una respuesta a una práctica que es mucho más frecuente de lo que piensa la mayoría de las personas. Su proyección pudo haber puesto en crisis a la autoridad, tanto del Estado como a los que toman decisiones en empresas y organismos públicos y privados. Ahora que el movimiento en redes parece haber terminado, todos estos actores harían bien en diseñar una estrategia integral, que promueva cambios estructurales y ponga en el centro las políticas de prevención y reparación, las cuales además estén encaminadas a modificar las relaciones de poder en los diversos ámbitos, eliminando la segregación por sexo, tanto horizontal como vertical.

 De no hacerlo, otra edición del MeToo mexicano volverá a sorprenderlos, y las mujeres volverán a señalarlos, con razón, como responsables.



lunes, 29 de julio de 2019

EL ESPÍRITU DE LA NOVELA



Esta columna de Antonio Muñoz Molina deja ver la diatriba entre leer y escribir, que son las rutinas intensas del escritor.
Me parece que no es un tema menor, muchos autores alguna vez se han referido a esta dualidad que va más allá de las responsabilidades propias del profesional que vive de la escritura, espero mis lectores la disfruten. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

Puedes estar tan ocupado siendo escritor que no te quede tiempo para escribir. En la vida literaria, pero sin calma para la vida.
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
26 JUL 2019 - 11:44           COT
Cada verano, en cuanto dejo atrás las obligaciones más o menos agobiantes de la temporada, compruebo la distancia, creciente para mí, entre la literatura y lo que se llama la vida literaria, entre las tareas solitarias de escribir y leer y el espectáculo de la presencia pública, entre la concentración y la paciencia del hacer callando y la fatiga y la necesidad de explicar lo que se ha hecho, lo que mejor sería dejar que se explicara por sí solo. Cada verano aprendo de nuevo que al escribir y al leer, en grados distintos, disfruto tanto que llego a olvidarme de mí mismo, pero que al publicar me vuelvo nervioso, inseguro, vulnerable, suspicaz, ansioso. Escribir es una afición y un trabajo que se vuelve soluble en las tareas y las distracciones de la vida diaria, en un fluir continuo que incluye caminatas, conversaciones, ocupaciones domésticas, siestas lectoras, salidas gratas para tomar algo y no volver a casa demasiado tarde. Publicar es exhibirse. El libro es un producto frágil que requiere un grado inevitable de apoyo, casi de militancia. Uno es consciente, cuando publica un libro, de que ha de hacer un esfuerzo para ayudar a su difusión, en una época en que la cultura lectora no cuenta con el apoyo de los poderes públicos, y en la que los medios, también sumidos en la tribulación, se inclinan a celebrar sobre todo lo que les parece que lleva el sello de la moda o lo que ya es tan celebrado que no tendría ninguna necesidad de serlo más aún. De modo que el autor se siente en la obligación de hacer de publicista de sí mismo y viajante de su minoritaria mercancía, y de dar todo tipo de explicaciones sobre ella, aquí y allá, delante del público o en una entrevista, y ahora además en el espacio histriónico de las redes sociales.

Yo nunca sé en qué medida o cuántas veces se puede explicar algo sin abaratarlo, sin quitarle esa veladura de misterio que es el mayor atractivo de un libro cuando uno lo tiene por primera vez entre las manos, cuando lo abre y empieza a leerlo. Hay una soledad sin la cual el libro no podría ser escrito, y para leerlo haría falta otra soledad equivalente: que el libro llegue al lector tan inopinadamente como fue llegando a quien lo escribía. Es como la necesidad de una mesa despejada, de una habitación limpia y desnuda con una ventana. En el interior del libro habrán de oírse los ruidos y las voces del mundo, pero el momento de escribir requiere un silencio absoluto, no más riguroso que el que pide la lectura verdadera. Eso no quiere decir que uno ha de retirarse a una casa en un acantilado, encerrarse en una habitación insonorizada. La primera capa decisiva de silencio la genera, como un campo magnético, el acto mismo de escribir o leer. Esas lectoras —casi siempre lo son— que uno ve a veces en el metro tienen el mismo aire de sosegada concentración que Erasmo de Róterdam en el retrato que le hizo Holbein.

La literatura es soledad, o conversación muy privada. La vida literaria es compañía y tumulto. El escritor en su trabajo está tan gustosamente solo como el lector en su deleite. En la vida literaria se convierte en actor, y peor aún, en miembro de una cofradía, de una pandilla, de un grupo. A Simone Weil, tan apasionada defensora de la igualdad y la justicia, le provocaba rechazo cualquier frase que empezara por la primera persona del plural. Cuando alguien habla delante de mí en primera persona del plural siento instintivamente el deseo de ponerme a salvo o de quedarme fuera. Y no hay primera persona del plural que me despierte más incomodidad y extrañeza que la que empieza con “los escritores”, y hasta con “todos los escritores”: “todos los escritores fuimos embusteros de niños”, por ejemplo; los escritores somos esto, o lo otro. Yo no soy quién para hablar o escribir en nombre de nadie.

Siempre he huido de las pertenencias colectivas, más todavía cuando se exhiben en público. Desconfío de la facilidad con la que puede caer en la prepotencia quien se ve a sí mismo en una tarima delante de una sala llena de gente favorable: la tentación de la ocurrencia, el chiste seguro que ya ha funcionado otras veces, las competiciones de ingenio y de presunta agudeza con los colegas de mesa redonda, la calderilla de las anécdotas y las citas espurias. Mucho antes de lo que parece, el halago y el hábito de la exposición pública lo convierte a uno en algo peor que un personaje o un impostor: en un farsante. Uno puede estar tan ocupado siendo escritor que no le quede tiempo para escribir; tan sumergido en la vida literaria que no le queda calma suficiente para fijarse en la vida.

Son divagaciones de verano. Para mí hay veranos de escribir y veranos de leer y de curarme la fatiga de haber escrito, pero sobre todo la angustia y la incertidumbre de haber publicado. En los veranos de leer me embarco en novelas de larga travesía y recupero sin ninguna dificultad un fervor por la literatura que tiene algo de inocencia, como si estuviera descubriéndola en su gloriosa variedad y amplitud, como si tuviera toda una vida de lecturas por delante. En el tiempo dilatado de los veranos caben igual los regresos que los nuevos hallazgos. La literatura es el libro que tengo entre las manos y el cine en colores lujosos de mi imaginación que por fortuna los años no han debilitado. Este verano vuelvo a Cervantes, que lleva acompañándome toda mi vida de lector, y leo por primera vez a Machado de Assis, dos novelas prodigiosas, una tras otra, Dom Casmurro y Memórias póstumas de Brás Cubas. Tal vez no hay novela que yo conozca mejor que Don Quijote, y sin embargo siempre estoy encontrando en ellas sutilezas, ironías y profundidades nuevas. Nunca había leído a Machado de Assis, que tiene una audacia y una desenvoltura cervantinas en la invención de sus historias. Pero lo que reconozco en él, desde las primeras páginas, es el espíritu singular de la novela, su vocación de indagar en los actos y en las conciencias de los seres humanos, su generosa ambición abarcadora, su desolación y su humorismo. No nos importaría tanto la literatura si no aprendiéramos en ella tantas cosas que de otro modo no podríamos saber. Es eso lo que le exigimos. Todo lo demás que hay a su alrededor carece de importancia.



domingo, 7 de julio de 2019

MÉXICO SE ESCRIBE CON 'M' DE MARGO GLANTZ

La literatura femenina tiene hoy reconocimientos que antes le fueron negados por razones que no cabe enumerar ahora, de hecho, hay una reverberación por estos tiempos que se traduce en muchas publicaciones y re-ediciones, no solo de las nuevas escritoras, sino de aquellas que hace años tienen un trabajo importante y serio como Margo Glantz. Son muchos los trabajos serios publicados alrededor de las escritoras de mitad del siglo pasado que traeremos a este blog. Este artículo publicado por el periódico “El tiempo” de Bogotá Colombia, de la mano de un gran escritor, solo espero que mis lectores lo disfruten, está descontada su calidad. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE


Charla con la ensayista e intelectual de 89 años, una de las más reputadas de la región.

Por: Juan Camilo Rincón*  05 de julio 2019 , 10:30 p.m.

En el salón de un hotel capitalino me encontré con Margo Glantz, de 89 años. Esperaba que esta destacada escritora, académica y crítica mexicana me llevara a un recorrido por su relación con los escritores de hace algunas décadas, pero, en cambio, me condujo por otros caminos, cuando de su boca empezaron a salir profusamente nombres de autores latinoamericanos contemporáneos.

Me habló con propiedad de libros publicados hace un año o seis meses por autores colombianos como Giuseppe Caputo, Juan Cárdenas (“Me interesa mucho lo que escribe y me parece novedoso”), Juan Gabriel Vásquez y Carolina Sanín (“Me gusta ella misma como persona, siempre con un tono contestatario. Su último libro me parece muy interesante”). Son ellos algunos de quienes la maravillan de la actual movida literaria.

Cruzando la frontera nacional, hizo, además, un recorrido por aquellas voces latinoamericanas que le parecen fascinantes: Mónica Ojeda, de Ecuador; Samantha Schweblin, de Argentina; Liliana Colanzi, de Bolivia. “Hay que ver la cantidad de mujeres jóvenes que están escribiendo y están teniendo un gran éxito. ¡Y cada vez hay más! En México hay una generación muy brillante; por ejemplo, Verónica Gerber, Valeria Luiselli; una chica muy interesante que se llama Jazmina Barrera. En fin, hay una gran producción femenina que es cada vez mejor acogida y más leída. En general, la literatura latinoamericana es tan extensa, hay tanta y tan maravillosa que ya no me da el tiempo para vivirla y leerla. Estoy muy fascinada de ver un renacimiento tan espectacular de la literatura latinoamericana y, justamente, el hecho de que cada vez más mujeres tan interesantes están publicando en nuestra región”.
¿Por qué es tan importante lo que afirma Glantz? La respuesta es sencilla: es una de las voces predominantes de la academia mexicana en los últimos 40 o 50 años. Profesora emérita de la Unam (Universidad Nacional Autónoma de México) y del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) de su país. Es, además, docente visitante en templos educativos estadounidenses como Yale, Berkeley, Harvard y Princeton, entre muchas otras, y ganadora de numerosos premios y reconocimientos.
Es inconmensurable su conocimiento sobre la literatura latinoamericana y, en particular, sobre la mexicana. Su mirada global abarca estudios sobre los escritos de la época colonial, de los que Sor Juana Inés de la Cruz es el mejor ejemplo, logrando establecer un amplio y sesudo panorama hasta la literatura de hoy.
Paisaje de letras
Me sorprendió gratamente su capacidad de verlo todo como un gran paisaje donde cada detalle es esencial para hacer una pintura completa de las letras mexicanas.
Es como si Glantz (Ciudad de México, 1930) viviera sin tiempo, en todos los tiempos. No se especializa en un asunto en particular y es, entonces, un gran mar de conocimiento sobre todos los temas. Para ser alguien que comprende y conoce tan bien el pasado, ella tiene muy claro el presente, un presente que hace suyo en cada encuentro, en cada viaje, en cada libro.

El país anfitrión siempre es un tema que surge entre las fisuras. Entonces, menciona algunos de sus muchos referentes sobre las letras colombianas del siglo pasado. Cita con igual facilidad a Rafael Gutiérrez Girardot y a José Eustasio Rivera, sobre cuya obra afirmó tiene la capacidad de plantear el concepto de región, particularmente en su narración de la selva, “zona tórrida por excelencia” y espacio idóneo para representar las dicotomías racional-irracio-nal, barbarie-civilización.

¿Por qué es tan importante lo que afirma Glantz? La respuesta es sencilla: es una de las voces predominantes de la academia mexicana en los últimos 40 o 50 años.
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Otrora territorio idílico, como lo fue para Andrés Bello, para Glantz la selva es en Rivera aquel lugar de “carácter horrible e infernal, concebida como una especie de divinidad, un mito típicamente latinoamericano”.

Aparecen ahora los nombres de Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez. Nuestro nobel cataquero es referente inevitable sobre el que, considera, todo está dicho.

Cuando recién llegó a México, los círculos intelectuales no le hacían el menor caso; era un actor entre otros hasta que apareció Cien años de soledad. Entonces, “la gente se sorprendió enormemente porque había convivido con García Márquez y no se había dado cuenta de quién era él”.
En cambio, Glantz lo conocía, lo vio siempre en eventos y tertulias, con la prensa “como enloquecida” detrás de él.
Más cercano a sus afectos estaba el autor de Ilona llega con la lluvia. Desafiando las convenciones de leyes y papeles, en su corazón Margo siente que, junto con Monterroso y Cardoza y Aragón –igualmente nacidos en otras tierras–, Mutis es mexicano de la más pura raigambre.
Admiradora de las dos vertientes de la obra del bogotano, poesía y novela, que ha leído y releído incontables veces, sobre el autor de La nieve del almirante, Glantz ha dado clases y realizado estudios rigurosos.

Para la ensayista, Maqroll es el personaje que mejor expresa el concepto universal del mundo fantástico de la aventura, pues su creador “evita caer en el color local, ya sea en los regionalismos del paisaje o en los del lenguaje; también evita dejarse atrapar por un sensiblero compromiso político y social”.
Colombia en el corazón
Al preguntarle qué tiene México que ha permitido la creación de destacadas obras de la literatura colombiana, la autora de El rastro (premio Sor Juana Inés de la Cruz 2004) nos recuerda que aquel fue un país de acogida al que llegaron muchas personas de exilios diferentes, cuyos aportes fueron esenciales en campos como las ciencias, la filosofía, la labor editorial: “Es que era un país de una corriente libertaria, cosmopolita, con una gran cultura. La Revolución mexicana fue importante también porque fue la primera gran revolución del siglo XX, a la que acudieron no solamente mexicanos sino gente de todo el mundo”.

Con más de 35 premios y reconocimientos a cuestas, la académica y ensayista no solo conoció nuestra literatura en su tierra natal, también se ha deleitado con las letras colombianas en el suelo donde muchas de ellas han nacido.

Aunque ha venido tantas veces a nuestro país, le siguen fascinando “la comida, la gente, la amabilidad, el cariño con el que te tratan, la cortesía, las montañas. Es preciosa la vista de las montañas”.
Invitada por su amigo Darío Jaramillo Agudelo, entonces director de la biblioteca Luis Ángel Arango, vino por primera vez en 1981, junto con el escritor mexicano Sergio Pitol, ganador del premio Cervantes; con Marisa Blanco (la directora de Babelia, suplemento cultural del diario español El País), con Manolo Porras y con la ensayista Elena Urrutia.

Durante su estadía, Glantz recuerda que la acompañaron la poeta Piedad Bonnett y la escritora Fanny Buitrago. Entre sus amistades colombianas también cuenta a la crítica, profesora de literatura latinoamericana y novelista Helena Araújo, quien dedicó su vida al estudio de las escritoras hispanoamericanas.

La escritora mexicana rememora, de manera especial, el texto de Araújo titulado ¿Imitadoras de García Márquez?, en el que cuestiona a esas mujeres que tomaron el esquema del cataquero para escribir sus novelas.

Inspirada por ese análisis de su amiga, Glantz escribió en los años noventa Las Gabitas de la literatura latinoamericana, artículo en el que invita a las escritoras a desprenderse del rotundo y avasallador éxito del creador de Macondo, a evitar la imitación de la fórmula garcíamarquiana y, más bien, a buscar otras formas de transgredir la literatura desde lo femenino. Eso es precisamente lo que, según Margo, ocurre hoy con las nuevas escritoras de este lado del continente, cuya ruptura de los modelos precedentes les ha permitido cobrar relevancia en el mundo.
Glantz se describe a sí misma como una sobreviviente, pues de la generación con la que compartió sus creaciones, todos han partido ya. Y con nostalgia de quienes ya no están, afirma: “Extraño a mis contemporáneos: a Sergio Pitol, a Carlos Monsiváis, a Tito Monterroso, a Cardoza y Aragón. Ellos eran escritores extraordinarios que no estaban sujetos ni esclavizados al mercado. Había mucho más interés en la literatura como tal, que ser conocidos y aparecer en listados y ser vendidos… eso lo extraño. Además eran escritores con una gran pasión por la cultura y por la lectura. Puede ser que ahora eso también exista, quizás estoy exagerando, quizás es nostalgia, pero creo que en aquella época teníamos una relación mucho más profunda con la literatura en el sentido de algo que determinaba nuestras vidas, como algo vital”.

Me despido viéndola rodeada de jóvenes, quienes, desconociendo que su obra nació hace más de medio siglo, la sienten poderosamente actual. Margo Glantz es uno de los últimos rastros de esa literatura cuya fuerza arrastró las corrientes y les dio vida y forma, transformando nuestras letras y haciéndolas capaces aún de luchar cuerpo a cuerpo para resignificar una Latinoamérica que no se da por vencida.

JUAN CAMILO RINCÓN*
 ESPECIAL PARA EL TIEMPO
@JuanCamiloRinc2

 Periodista cultural, escritor e investigador. Autor de libros como ‘Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia’ (2014) y ‘Viaje al corazón de Cortázar’ (2015).








viernes, 28 de junio de 2019

VOLVER A LEERLO


Segundas lecturas siempre son frescas, lo demuestra esta excelente columna, que espero sea del gusto de mis lectores, fue publicada por “El país” de España. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

No hay nada igualable a la felicidad de ver cómo un cuento que nos pareció fascinante, nos sorprende de nuevo en su relectura.


ENRIQUE VILA-MATAS
24 JUN 2019 - 17:00    COT

En extrañas circunstancias perdí Tema libre, de Alejandro Zambra, por lo que, al llegar a Madrid, a la Feria, tuve que hacerme con otro ejemplar del libro en la caseta de Méndez. Por la noche, en el hotel, revisando lo que días antes ya había leído con atención en aquellas páginas, me detuve de nuevo en el párrafo en el que Zambra dice que un profesor nunca debiera darles a sus estudiantes libros que entendiera del todo y que más bien sería mejor que sintiera la necesidad de compartir con ellos los libros que, pareciéndole fascinantes, no acabara de comprender. Y añadía: “Esto es clave, pienso yo: lo que nos importa de un libro está asociado a la sensación de que hay algo que no entendemos del todo. La felicidad de la lectura está asociada a la posibilidad de la relectura”.

He ejercido de profesor en contadas ocasiones, diría que unas 10, máximo. Y en una de ellas, la que más recuerdo, pedí a los alumnos de Bellaterra, en junio del 2000 –estaba una jovencísima Llucia Ramis entre las alumnas– que me ayudaran a entender El gato bajo la lluvia, que era, les dije, un cuento de Hemingway que me fascinaba, aunque no acababa de entenderlo del todo y aún menos que a García Márquez le pareciera el mejor del mundo.

Fue todo un espectáculo escuchar las interpretaciones de la elíptica trama que dieron los alumnos. Y, años después, Juan Marsé, informado misteriosamente por alguien de lo sucedido en aquella aula, escribió un breve texto, ¿Dónde está el gato?, donde decía que ya no podríamos conocer las razones de Gabo para considerar aquel relato el mejor del mundo, pero que siempre podíamos quedarnos con esta imagen que habitaba el cuento: “Una mujer joven, apasionada y caprichosa, profundamente aburrida en un hotel extranjero, un día lluvioso, mirando por la ventana. El despistado marido leyendo en la cama, pasivo e indiferente, totalmente ajeno al deseo arrebatado que lleva a su mujer a rescatar al gato callejero bajo la lluvia… Quiero un gato. Quiero un gato. Ahora mismo”.

Me sorprendió, el otro día en la Feria, lo que me contó un joven lector: hace unos cuantos años, su profesora de literatura les pidió que la ayudaran a comprender El gato bajo la lluvia, un relato que a ella, aun no captándolo del todo, le había encantado. Me sorprendió esto y, en contacto yo todavía con lo que Zambra decía en Tema libre, no pude más que aplaudir en silencio la iniciativa de aquella desconocida profesora, a la que estoy ahora, ahora mismo, imaginando en una calle cualquiera, con un paraguas bajo la lluvia, buscando al gato errante en la intemperie, feliz ella al recordar que un día sugirió a sus alumnos que la lectura siempre estuvo asociada a la posibilidad de la relectura. Y es que quizás no haya nada igualable a ese tipo de felicidad, nada parecido a saber, por ejemplo, que ese cuento de Hemingway, o simplemente aquello que en su día leímos y que tan raro y fascinante nos pareció y que, para colmo, en la siguiente lectura volvió a sorprendernos y a golpearnos, está ahí, sigue ahí y es increíble, pero podemos volver a leerlo.

jueves, 13 de junio de 2019

LA ACTRIZ MIRA SORVINO HACE PÚBLICO QUE FUE VIOLADA



Los movimientos feministas constituyen una mirada renovada a la igualdad y de hecho, en la última década han luchado abiertamente  contra el maltrato, que por mucho tiempo pasó de agache. Las mujeres, que guardaron silencio, ahora hablan, pese al dolor que produce recordar situaciones oprobiosas, salieron a contar cosas que nos sorprenden y que en alguna época fueron el pan de cada día sin que pasara nada. Este caso es emblemático y lo traigo al blog, por los efectos que trae. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE
Redacción del periódico “El país” de España
La intérprete, que sufrió el acoso de Harvey Weinstein, relata que la violaron durante una cita, y pide que se cambien los plazos de prescripción de estos delitos.

La actriz Mira Sorvino, una de las caras visibles del movimiento MeToo y víctima del acoso de Harvey Weinstein, ha hecho público que sufrió una violación. La ganadora de un Oscar, que vio cómo su prometedora carrera se resentía tras rechazar al todopoderoso productor, ha contado por primera vez que fue violada durante una cita, en un intento de que su confesión contribuya a cambiar los plazos de prescripción para los delitos sexuales en el Estado de Nueva York.
"El MeToo ha sido maravilloso, pero también ha sido muy traumático para mí a nivel personal porque he tenido que revisitar mi pasado y mis demonios de una forma que no había explorado realmente", ha relatado en una conferencia de prensa este miércoles acompañada por el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. "No había resuelto realmente los traumas del pasado. No había buscado realmente la ayuda que necesitaba. Así que este último año y medio ha sido un periodo muy interesante y duro para mí".

"No solo fui víctima de acoso sexual y agresión a manos de Weinstein (...) sino que también soy una víctima de abuso sexual y superviviente de una violación durante una cita", ha admitido la actriz, con la voz entrecortada en varios momentos por la emoción. "No quiero entrar en detalles, pero nunca había dicho esta última parte en público porque a veces es imposible compartir estas cosas, y lo estoy haciendo aquí para intentar ayudar porque todas estas supervivientes que hay ahí afuera ahora necesitan justicia, necesitan sentir que pueden tomarse el tiempo que precisen para salir del trauma, de la vergüenza", ha continuado.

"Os puedo decir que en situaciones de violación en segundo grado, como fue la mía, sientes vergüenza", ha asegurado Sorvino. En Nueva York se califica penalmente como violación en segundo grado la que se produce cuando la víctima no puede prestar su consentimiento por su edad, su capacidad mental o por encontrarse en estado de embriaguez. "Sientes que, de alguna manera, fue culpa tuya, que deberías haber sido más lista. Que deberías haberte protegido mejor. Que no deberías haberte tomado esa bebida. Quién sabe lo que había en ella, pero de alguna forma tú te metiste sola en esa situación".

Con este testimonio, la actriz se suma a las peticiones para cambiar el plazo de prescripción en la ley estatal, actualmente de cinco años, y facilitar así que las víctimas puedan denunciar. Y ha pedido a los legisladores que hagan justicia, "porque la mayoría de violadores volverán a violar". Según la actriz, el plazo de prescripción en Nueva York es "de los más cortos del país", lo que en un Estado "liberal y progresista" es una vergüenza. "Estáis acortando el tiempo durante el cual una persona podría tener la valentía de dar el paso y nombrar a su atacante, e intentar conseguir justicia", ha dicho. "Es de extrema importancia para todas las víctimas pasadas, para las supervivientes presentes y para las posibles víctimas futuras. Vamos a prevenirlo, vamos a parar el protocolo de intervención y empezar a cambiar el entorno y decir que el tiempo de los abusos sexuales, de las agresiones sexuales, del acoso y de la violación se ha acabado", ha concluido.

En 2017, el director de cine Peter Jackson reveló en una entrevista que, en 1998, Weinstein le presionó para que no contratara a Mira Sorvino y a Ashley Judd para su proyecto de El Señor de los anillos. Judd y Sorvino, dos de las decenas de actrices que acusaron al productor de abusos sexuales, estaban en el listado que Jackson presentó a los hermanos Harvey y Bob Weinstein cuando la compañía de este, Miramax, iba a producir las películas. "Recuerdo que Miramax nos dijo que era una pesadilla trabajar con ellas y que debíamos evitarlas a todo costa", aseguró Jackson. "Ahora sospecho que nos dieron información falsa sobre estas dos talentosas mujeres y, como resultado directo, sus nombres fueron eliminados de nuestra lista de casting", lamenta el realizador.

Tras conocer estas declaraciones, Sorvino dijo sobre el parón en su carrera: “Pudo haber otros factores, pero sin duda sentí que me aislaban y que mi rechazo a Harvey tenía algo que ver con eso”, dijo, hablando de su propia carrera. El acoso se produjo en 1995, en el pico de su popularidad, cuando acababa de rodar Poderosa Afrodita de la mano de Weinstein y de Woody Allen, y por la que ganaría un Oscar como Mejor actriz de reparto.







domingo, 26 de mayo de 2019

ELECCIONES EUROPEAS



Son muy importantes las elecciones de la comunidad europea, al igual que las regionales de algunos países del viejo continente. Dos artículos pertinentes sobre el tema, el primero anterior a los comicios y el segundo después de conocer algunos resultados. El columnista es un analista del periódico “El país” de España.


EUROPA SE TIÑE DE INESTABILIDAD
La renovación total de la cúpula de la UE con una Eurocámara sin mayoría clara, una bancada euroescéptica crecida y el Brexit pendiente augura una legislatura complicada
Bruselas 26 MAY 2019 - 10:14 COT

Bernardo De Miguel


Pocas veces se han colocado en Europa tantas urnas al mismo tiempo. Y nunca se ha esperado que un escrutinio europeo desencadene una transformación política del continente tan tremenda como la prevista a partir de los resultados oficiales que empezarán a publicarse a las 23.00 de este domingo (cierre de colegios en Italia).

A falta de concretarse el reparto de escaños, el único pronóstico que tienen claro los analistas es que Bruselas se contagiará de la inestabilidad y volatilidad política que domina la mayoría de las capitales europeas. Los dos grandes grupos —los populares del PPE y los socialistas de S&D— no sumarán, probablemente, más del 50% de los escaños. Los liberales (con la esperada aportación de los eurodiputados de Emmanuel Macron) y los Verdes (en ascenso en Alemania) esperan convertirse en la bisagra de la nueva legislatura. Pero no está claro que ninguno de los dos lo consiga por sí solo.

“El nuevo Parlamento será más complicado y para muchas decisiones será necesario, probablemente, sumar al menos cuatro grupos parlamentarios”, resume Guntram Wolf, director del centro de estudios Bruegel.

Gobiernos en minoría y elecciones anticipadas se han convertido en un rasgo habitual de las políticas nacionales desde que la crisis del euro, la emergencia de los populismos y la contestación social reventaron el bipartidismo a principios de esta década. Europa se estrena este 26M en el mundo de hoy e iniciará una nueva andadura en la que deberá construir consensos de nuevo cuño.

El alcance de la inestabilidad en ciernes dependerá en gran medida de la participación electoral (la abstención ha aumentado ininterrumpidamente desde los primeros comicios en 1979) y del ascenso o no de las fuerzas antieuropeas, capitaneadas por un Matteo Salvini que espera arrollar en Italia y por el imprevisto refuerzo del Partido del Brexit en un Reino Unido que, en contra de lo esperado, participa en estas elecciones.

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Ambos fenómenos se retroalimentan, porque la baja participación suele redundar en beneficio de los euroescépticos, favorecidos por la movilización del voto de protesta y la desmovilización del votante habitual en otros comicios. Aun así, Bruselas confía en que las fuerzas euroescépticas, ahora con el 20% de los escaños, no superen el umbral de dolor del 33% a partir del cual, según fuentes comunitarias, podrían entorpecer la maquinaria legislativa.

Europa, en cualquier caso, cambiará de cara a casi todos los niveles. El resultado marcará el proceso de elección de los principales altos cargos de la UE —presidencia de la Comisión, del Consejo, de la Eurocámara, el Banco Central Europeo y de la Alta Representación de Política Exterior de la UE—; provocará casi con certeza una reestructuración de los principales grupos de la Cámara, con trasvases y fugas de eurodiputados; y puede debilitar o precipitar la caída de varios Gobiernos, desde Italia a Holanda o, incluso, Alemania, donde los socialistas pueden verse abocados a corto plazo a abandonar la gran coalición de Angela Merkel.

En los dos países donde arrancaron el jueves las elecciones, el Reino Unido y Holanda, han bastado los sondeos a pie de urna (a la espera del resultado este domingo) para desatar sacudidas. La primera ministra británica, Theresa May, ha anunciado su dimisión a la espera de un escrutinio que anticipa el hundimiento de los tories y la amplia victoria del Partido del Brexit recién creado por Nigel Farage. En Holanda, los socialistas de Frans Timmermans han dado la vuelta a los pronósticos y parecen haber arrebatado la victoria a los liberales del primer ministro, Mark Rutte, y arrasado a los eurófobos de Geert Wilders. El Gobierno de Rutte, ya de por sí frágil, sale aún más debilitado. Y esa inestabilidad puede contagiarse a Bruselas, con dos grandes focos potenciales de incertidumbre, coinciden las fuentes consultadas: el nombramiento del sucesor de Jean-Claude Juncker al frente de la Comisión y la negociación del presupuesto de 2020 y del marco presupuestario para el periodo 2021-2027.

Negociación complicada
La renovación total de la cúpula de la UE tendrá que llevarse a cabo con un Parlamento Europeo que se anuncia sin mayorías claras, con pocas posibilidades de formar una gran coalición (entre populares y socialistas) y con una bancada euroescéptica crecida y dispuesta a bloquear el proceso legislativo. Si el bloqueo, como se teme, se instala en Bruselas, “podemos tener un verano de crisis institucional”, avisa una alta fuente del Partido Popular Europeo, dominante en Bruselas (ahora ocupa las presidencias de la Comisión, Consejo y Parlamento) y cuyo poder puede verse seriamente debilitado por las urnas.

El regateo de cargos y dinero coincidirá, además, con un periodo especialmente sensible en la política del continente, marcado por el cambio de Gobierno en varios países (Bélgica, Austria, Finlandia, Dinamarca y, sobre todo, Reino Unido), el plazo para ejecutar el Brexit (31 de octubre) y la posible retirada de Merkel como canciller. Con ese telón de fondo, crece, más que nunca, el riesgo de que la UE se quede con Juncker como presidente en funciones de la Comisión y con las cuentas prorrogadas a partir del próximo enero.

La Comisión de Juncker ya admite en público que no descarta prolongar la estancia en su sede del edificio Berlaymont más allá del 1 de noviembre, fecha prevista para el relevo. En privado se reconoce que los preparativos en marcha contemplan incluso una prórroga más larga, que podría llegar hasta bien entrado 2020. “Al final se llegará a un acuerdo, pero puede llevar tiempo”, advierte Wolf. El director del think tank Bruegel duda de que el nuevo escenario pueda abocar a una parálisis. Y cree que el reparto de poder obligará a buscar un “gran acuerdo” en torno a los puntos fundamentales, aunque la negociación pueda ser complicada.

En teoría, la sucesión de Jean-Claude Juncker al frente de la Comisión debería pactarse en la cumbre de junio y ser aprobada en julio en un pleno del Parlamento Europeo. En la práctica, se puede “ir a un largo periodo de negociación”, admite un alto cargo de la Comisión. En Bruselas, casi nadie se atreve a descartar la posibilidad de “un verano negro” en el que se desencadene una trifulca sin precedentes entre las grandes familias políticas del continente (democristianos y socialdemócratas). La cuña euroescéptica liderada por Salvini y la francesa Marine Le Pen podría agravar la situación en un momento en que las fuerzas que golpean a la UE desde dentro (populistas y ultraderecha) y desde fuera (Donald Trump y Vladímir Putin) ponen en peligro la estructura del club. Por primera vez, las formaciones euroescépticas o eurófobas podrían alzarse con la victoria hasta en seis socios de la UE que suponen el 40% de los escaños a repartir, incluidos tres de los más grandes (Francia, Italia y Reino Unido).

La Comisión, en cambio, se mantiene en estado de negación. Y aunque reivindica el final de un quinquenio en el que se ha dado la vuelta a la situación económica (con cifra récord de empleo e inversión al nivel de antes de la crisis), se desentiende de la deriva política hacia la intolerancia que vive buena parte del continente. “¿Qué tiene que ver la Comisión con el ascenso de Vox en España, de Salvini en Italia o de Farage en el Reino Unido?”, se pregunta un alto cargo del organismo. La pregunta retórica se queda en el aire a la espera de las urnas.


EL AUGE DE VERDES Y LIBERALES FRENA EL AVANCE ULTRA EN LAS ELECCIONES EUROPEAS

Los sondeos a pie de urna para el Parlamento Europeo apuntan a un desplome del PP europeo y los socialistas

El Partido Popular Europeo (PPE) se perfila como vencedor de las elecciones al Parlamento Europeo, según las primeras estimaciones, basadas en sondeos a pie de urna en 12 países. Las fuerzas ultraderechistas y eurófobas que aspiran a bloquear o desmantelar la Unión Europea han dado también un importante zarpazo en los comicios de este domingo, logrando la victoria, según los mismos sondeos, en plazas tan importantes como Francia, Italia, Reino Unido o Polonia.
La segunda proyección de escaños publicada por el Parlamento, poco después de las 21.00 de la noche del domingo, otorga 177 al PPE (221 en 2014), frente a 147 de Socialistas y Demócratas (S&D), la segunda fuerza más votada (191 en 2014). Las formaciones euroescépticas suman 172 escaños, en torno al 25% de un hemiciclo de 751. Una cifra lejana al temido 33% con el cual podrían aspirar a entorpecer la maquinaria legislativa, pero considerable dado que su presencia se consolida entre varios de los países grandes de la UE.

Su ascenso se ha visto mitigado en algunos países (Alemania) y neutralizado en otros (Holanda y Austria), gracias, en parte, a una participación que se ha disparado al alza por primera vez en 40 años de elecciones al Parlamento Europeo. Pero las cuatro jornadas de votación han desencadenado una sacudida política de importantes dimensiones, con un Parlamento Europeo sin mayorías nítidas y con varios Gobiernos en el alero, entre ellos, el de Alemania.

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La Europea del descontento
El grupo liberal, según la primera proyección, rondaría el centenar de diputados (frente a los 67 parlamentarios de 2014), lo que le permitiría convertirse en una bisagra imprescindible para una alianza entre conservadores y socialistas. Los Verdes, con 69 escaños, según la estimación (obtuvieron 50 en 2014), también aspiran a ese papel y se ofrecen ya como complemento para una mayoría estable. En España, según resultados ya oficiales, el PSOE se convierte en la fuerza más votada, con un 32% de los apoyos, equivalente a 20 escaños, según el recuento de casi la totalidad de las papeletas (94,5%).

La caída de la abstención, que marcó un récord del 56,2% en 2014, parece confirmar el efecto catalizador del Brexit, que ha destapado ante la opinión pública el riesgo real de desintegración de la unidad europea. La masiva afluencia en ciertos casos (en países otrora tan euroescépticos como Dinamarca se ha superado el 60%) ha despejado los temores previos de Bruselas.

El atractivo de las urnas también ha aumentado considerablemente gracias a la personalización de algunas de las opciones en políticos de renombre continental, como el presidente francés, Emmanuel Macron, emblemático representante de las opciones proeuropeas, y el vicepresidente del Gobierno italiano, Matteo Salvini, como cabeza visible de la alternativa euroescéptica. Y en varios países, entre ellos España, la participación se vio estimulada, además, por la coincidencia de las europeas con otros comicios nacionales, regionales o locales.

"Me complace anunciarles que la primera estimación sobre participación apunta a la cota más alta en 20 años y al primer aumento significativo desde las primeras elecciones en 1979", señaló hacia las ocho de la tarde el portavoz oficial del Parlamento, Jaume Duch. Los datos apuntaban a una cota de entre el 49% y el 51%, el mejor dato desde 1994 (56,7%) y muy por encima del 42,6% de hace cinco años.

Sin embargo, las mayores elecciones transnacionales del planeta, con más de 425 millones de potenciales votantes, han dejado claro el evidente descontento en grandes capas de población, canalizado en muchos países a través de formaciones que abogan por la ruptura con la UE (como el partido del Brexit en Reino Unido) o por recortar drásticamente las competencias de las instituciones comunitarias (como la Lega de Salvini en Italia, el PiS de Jaroslaw Kaczynski en Polonia o el Fidesz de Viktor Orbán en Hungría).

El resultado también revela el desgaste de las dos grandes familias políticas (democracia-cristiana y socialdemocracia), que han sido los pilares del proyecto europeo durante seis décadas. Los datos apuntan a una ajustada victoria del Partido Popular Europeo (PPE), que se habría impuesto por quinta vez consecutiva desde 1999. Pero su margen de maniobra se ha reducido significativamente y ni siquiera con la ayuda de los Socialistas y Demócratas (S&D) parecen en condiciones de sumar una mayoría de más del 50% de los escaños.

Los conservadores han preservado el liderazgo en su principal feudo, Alemania, e iniciaron los movimientos para intentar mantener el control de la Comisión Europea en la misma tarde del domingo, antes de que cerrasen los colegios electorales en todo el continente (los últimos, en Italia, a las once de la noche).

La secretaria general de la CDU y posible sucesora de Angela Merkel en la cancillería, Annegret Kramp-Karrenbauer, reclamó la presidencia de la Comisión Europea para su compañero Manfred Weber, candidato del PPE. "Si, como parece, la noche electoral confirma que el PPE es la mayor familia en Europa, entonces está claro que Weber debe encabezar la Comisión", señaló Kramp-Karrenbauer.

Los socialdemócratas, que cuentan con el holandés Frans Timmermans como candidato a presidir la Comisión, no parecen haber logrado los avances esperados y España se perfila como su único bastión. En Alemania podrían quedarse como tercera fuerza, por detrás de conservadores y Verdes, lo que abre la opción a buscar a corto plazo una coalición para el Gobierno federal.

La debilidad socialdemócrata complica la propuesta de Timmermans de forjar una alianza progresista en Bruselas para reducir por primera vez la fuerza del PPE en las instituciones. La idea pretendía abarcar a un arco parlamentario "desde Macron hasta Tsipras", en alusión a los liberales franceses y los izquierdistas griegos. Las primeras proyecciones indican que una alianza de cuatro partidos (socialistas, liberales, verdes e izquierda) se quedarían a una decena de los 376 escaños necesarios para nombrar al presidente de la Comisión.

El plan también puede quedar muy debilitado si se confirma que el grupo de Macron, Renacimiento, es derrotado en las urnas por Reagrupamiento Nacional (RN), de Marine Le Pen. El partido de Alexis Tsipras, Syriza, también parece abocado a un segundo puesto tras los conservadores de Nueva Democracia.

La derrota de Macron, si se confirma, sería especialmente significativa, porque el presidente francés había convertido la cita del 26 de mayo en una suerte de plebiscito sobre el proyecto europeo. El inquilino del Elíseo aspira a dar la vuelta al resultado de 2014, cuando el partido de Le Pen se convirtió en el más votado del país. Cinco años después, la ultraderechista mantiene casi intacto su empuje. Y el europeísmo entusiasta de Macron puede haber sufrido su primer batacazo en las urnas después de haber sido seriamente cuestionado por las protestas de los chalecos amarillos.


viernes, 17 de mayo de 2019

RAÚL GÓMEZ JATTIN PESADO, AGRESIVO, IMPRUDENTE: LOCO



Hay poetas y poemas que se le meten a uno en el alma, difícilmente podemos prescindir de ellos en la atribulada vida que nos corresponde. En el cielo profundo de mis masturbaciones/ocupas ese ámbito de deseo irrefrenable y voraz/Inagotable y tierno que te devora el sexo/aunque tú no lo sepas Tu cuerpo habita el mío/, Jatin es uno de ellos. Este artículo, tan bien hilvanado, publicado por el periódico “El espectador” de Colombia, me ha vuelto a recordar la vida de un hombre poco común, con un talento extraordinario y quien este país no supo comprender, menos querer. CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

Laura Camila Arévalo Domínguez - Twitter: @lauracamilaad

Jattin, en una de las crisis mentales que padeció durante su vida, fue internado en un psiquiátrico en Bogotá. Cuando fue dado de alta se hospedó en el Grand Hotel, en el que escribió una serie de poemas que le sumaron más versos a su obra, concentrada en la muerte, la soledad, la ausencia de límites y la obsesión por la poesía.
¿Y qué es estar loco? Si todo el mundo se cree cuerdo. Todos quieren pertenecer al grupo de los que tienen el control de sí mismos y prefieren que se les reconozca como prudentes, sensatos u oportunos. ¿Cómo se vive desde la locura? ¿Qué colores se verán a través de los lentes de la psicosis? ¿Serán otros? Raúl Gómez Jattin sí sabía, o eso dijeron todos los que lo rodearon o lo abandonaron: pesado, agresivo, imprudente: loco.

“Acerca de Cedipus” es una antología de poemas inéditos que Gómez Jattin dejó abandonados en 1988 en la habitación del Grand Hotel, un lugar que quedaba en frente del Museo del Oro en Bogotá y que ya fue demolido. Eso textos, algunos escritos a mano y otros a máquina, fueron recuperados por Joaquín Mattos Omar, escritor y periodista, que decidió guardarle las cosas a Jattin, quien para esos días era humo que aparecía y desaparecía dependiendo de que tan cuerdo o que tan loco lo encontraba el mundo para tolerarlo.
Gómez Jattin vivía en Cereté, Córdoba, un pueblo cerca de Cartagena. Allí nació y vivió la mayor parte de su vida. De allí se fue para corresponderle a la idea del éxito que tanto promovía su padre y que se acercaba mucho a esas leyes tan parecidas a los muros y a esas normas tan similares a los límites. Allá volvió después de estrellarse con el derecho y concluir que no había nacido para nada que tuviera que ver con ser correcto. Jattin se decidió por el arte, la única vía con la que podía producir de la mano de su locura, que se desató mientras buscaba la cordura. Mientras Jattin escalaba hacía los picos del éxito, se le caían de los bolsillos los tornillos para ajustarse a lo diáfano, lo claro, lo brillante, lo aceptado.
Una crisis mental fue la causa para que Mattos se encontrara con Jattin aquel marzo de 1988, ya que el hermano del poeta decidió internarlo en un psiquiátrico de la capital y por los días en los que se toparon, Jattin tenía un permiso especial para pasear por las calles de La Candelaria acompañado de una enfermera. Fue la misma época en la que se publicó su “Tríptico cereteano” y se quedó durante aproximadamente ocho meses en Bogotá. Este tiempo culminó cuando de nuevo la esquizofrenia se le atravesó y abandonó el hotel.

Durante los días en el Grand Hotel, según Mattos, Jattin escribió una serie de 31 poemas que tomaron a los personajes del “célebre mito griego del rey Tebas que mató a su propio padre y luego se casó son su propia madre”, y los hizo suyos. El protagonista, Œdipus, fue el encargado de ser el portavoz de sus pensamientos, sus odios y sus amores. A Yocasta la amó tanto como a su madre, tanto que lo llevó a culparse por aquel amor desbordado que no podía contener, como nada de lo que le brotó de su centro. A Layo, el padre, lo amó para después odiarlo, querer matarlo y entender que para enterrarlo tenía que vivir distinto, tenía que abrazar el arte y sepultarlo a él en sus días como poeta. A su padre lo mató el día en el que decidió escribir versos para comer, o para intentar comer, comprar droga, sobre todo yerba, y entregarse al placer de ignorar los mandatos de la biblia, la aparente pulcritud de la moral y las absurdas conveniencias de la heterosexualidad.

Después de que esos textos quedaron abandonados en ese hotel barato, quedarían muchos otros tirados en cada uno de los lugares en los que Jattin quiso poner en palabras lo que pensaba de la muerte. Cuando quiso, con su prosa sencilla, corta, sucia, atrevida y lejana a lo que los intelectuales consideraban poético, hablar sobre lo mucho que anhelaba encontrarse con Borges o Pessoa, para abandonar este mundo en el que los demás lo despreciaban por su evidente “carencia de sensibilidad” ya que solamente lo buscaban para “comprar un rato / de su rara hermosura”, pero, finalmente, demostrarle lo mucho que los incomodaba. Jattin era incómodo, olía mal, se veía sucio y se la pasaba discutiendo con árboles a los que les rebatía sus argumentos sobre este mundo que prometía vida y que, para él, que quería la muerte, “no quedaba nada apacible para ver y amar”.




“ME ACERCO A MI FIN

Veo mi ceguera acecharme
No quiero ver lo que me rodea
Todo me parece horrible e inacabado
Tengo ganas de arrancarme los ojos”.

Jattin, que adoraba a Jaime Jaramillo Escobar, Álvaro Mutis, Octavio Paz y Fernando Pessoa, miraba embelesado las montañas y el mar. Jattin, que entonaba como suyas las letras cantadas por Diomedez Díaz “Ese que escribe versos, repletos de verano, estando en primavera, ese soy yo”, tenía conversaciones fluidas y agradables con otros escritores que lo admiraron y lo siguieron por su amplia cultura. Jattin, que decidió relegar su intelectualidad para producir textos vulgares que mostraran la oscuridad que él percibía del mundo, bromeaba como un niño. Jattin, que se entregaba entregaba plácido a las canciones de Joan Manuel Serrat, se intoxicaba sin compasión con la cocaína que metía por su nariz con ayuda de un cuchillo de cocina.
Los poemas que encontró Mattos estaban escritos en un recetario llamado LEPONEX, en donde seguramente algún médico le ordenaría la medicación para el control de su esquizofrenia. Esos poemas hablaron de la crudeza con la que Jattin llevó su cordura, la grandeza con la que recibió su locura y la nobleza con la que se le lanzó a la muerte.

Estos dos poemas lo he agregado, como una impostura necesaria.


EL DISPARO FINAL EN LA VÍA LÁCTEA


En el cielo profundo de mis masturbaciones
ocupas ese ámbito de deseo irrefrenable y voraz
Inagotable y tierno que te devora el sexo
aunque tú no lo sepas Tu cuerpo habita el mío

Y es tan mío como no pudo serlo allá
en la realidad Es mío cuando yo te deseo
De esa misma manera impalpable y eterna
como este libro es tuyo Como yo soy de ti

Habitamos el ocho Doble infinito
de los dos universos El 8 de los círculos
El que parece dos astros hermanos y gemelos
El que parece dos ojos Dos culos cercanos
El que parece dos testículos besándose

Cuando llegas a mi cielo estoy desnudo
y te gustan las columnas de mis piernas
para reposar en ellas Y te asombra
mi centro con su ímpetu y su flor erecta
y mi caverna de Platón carnal y gnóstica
por donde te escapas hacia la otra vida

Y en ese cielo te entregas a ser lo que verdaderamente
eres Agresión de besos Colisión de espadas
Jadeo que se estrella como un mar contra mi pecho
Locura de tus ojos orientales alumbrando
la aurora del orgasmo mientras tus manos
se aferran a mi cuerpo Y me dices
lo que yo quiero y respiras tan hondo
como si estuvieras naciendo o muriendo
Mientras nuestros ríos de semen crecen
y nuestra carne tiembla y engatilla su placer
hacia el disparo final en la Vía Láctea

En las sábanas de nuestro cielo hay nubes
perfumadas de axilas y delicados residuos
el amor En la almohada el hueco
que tu cabeza ha dejado oloroso a jazmines
Y en mi alma y mi cuerpo el inmenso dolor
de saber que desprecias mi amor

Oh tú por quien mi vida renació
dentro la lumbre de la muerte 





UN PROBABLE CONSTANTINO CAVAFIS A LOS 19

Esta noche asistirá a tres ceremonias peligrosas
El amor entre hombres
Fumar marihuana
Y escribir poemas

Mañana se levantará pasado el mediodía
Tendrá rotos los labios
Rojos los ojos
Y otro papel enemigo

Le dolerán los labios
Y le arderán los ojos como colillas encendidas
Y ese poema tampoco expresará su llanto