jueves, 23 de julio de 2026

HACIA UNA CIENCIA DEL ARTE POETICO (ROMAN JAKOSSON)

 Era la época de los jóvenes experimentadores en las artes y en loa ciencias. En el curso del invierno /914-/9/5. algunos estudiantes fundaron el Círculo Lingüístico de Moscú bajo los auspicios de la Academia de Ciencias; dicho círculo se dedicaba a promover la lingüística y la poética. como lo decía el programa que sus organi- zadores sometieron al secretario de la Academia. el célebre lingüista Shajnxuoo. A la iniciativa de O. Brik, apoyado por un grupo de jóvenes investigadores, debemos la publicación de la primera anto- logía colectiva de estudios sobre la teoría del lenguaje poético (Pe troqrado, /9/6) Y luego, a comienzos de /9/7, la formación de la nueva Sociedad de estudio del lenguaje poético. que será designada más tarde con la abreviatura Opoiaz y que colaborará estrechamente con el Círculo de Moscú.

 El aspecto lingüístico de la poesía fue puesto deliberadamente de relieve en todas estas empresas. En esa época comenzaban a abrirse nuevos caminos en la investigación de la lengua; el lenguaje de la poesía es el que se prestaba más para ello porque este dominio, descuidado por la lingüística tradicional. permitía salirsede las huellas de los neogramáticos y además, porque la relación entre medios y fines, así como del todo con las partes, o sea entre las leyes estruc turales y el aspecto creador del lenguaje, se encontraban más al alcance del observador en al discurso poético que en el habla coti- diana. Por otra parte, el denominador común de las bellas letras-la impronta de la función poética en su estructura uerbal- apor taba una dominante neta en el conjunto de los valores literarios; la historia de la literatura se encontraba dotada de un hilo conductor y prometía unirse a las ciencias nomotéticas.

 La significación primordial del término poesía en griego antiguo es "creación"; en la antigua tradición china shih ("poesía. arte verbal") y chich ("finalidad. designio, fin"), son dos nombres y conceptos estrechamente vinculados. Ese carácter netamente creador y finalista del lenguaje poético, es el que trataron de explorar los jóvenes rusos.

 El "formalismo", una etiqueta vaga y desconcertante que los detractores lanzaron para estigmatizar todo análisis de la función poética del lenguaje, creó el espejismo de un dogma uniforme y consumado. Sin embargo, como repetía B. Eichembaum, todo movi- miento literario o científico debe ser juzgado ante todo en base a la obra producida y no por la retórica de sus manifiestos. Desgra ciadamente al discutir el saldo de la escuela "formalista" hay una inclinación a confundir los slogans pretenciosos e ingenuos de sus heraldos con el análisis y metodología innovadoras de sus inves tigadores científicos.

 La búsqueda progresiva de las leyes internas del arte no eliminaba del programa de estudio los problemas complejos de la relación entre este arte y los otros sectores de la cultura y de la realidad social. Es evidente que entre los investigadores de estas leyes inmanentes nadie había tomado en serio los folletines que lamentaban las discrepancias en el seno de la Opoiaz y anunciaban, para impre sionar al lector, que "en el arte, libre desde siempre con respecto a la vida, el color de la bandera que corona la fortaleza no puede ser reflejado de ninguna manera". Pero los que polemizaban contra el "método Formal", solían aferrarse, precisamente, a estas boutades. Sería igualmente erróneo identificar el descubrimiento e incluso la esencia del pensamiento "formalista" con los vacuos discursos sobre el secreto profesional del arte, que consistiría en hacer ver las cosas desautomatizándolas y volviéndolas sorprendentes (ostranienie) • mientras que en realidad el lenguaje poético opera un cambio esencial en las relaciones entre el significante y el significado, así como entre el signo y el concepto.

 Evidentemente, el desarrollo intemacional del análisis estructural en lingüística r¡ en las otras ciencias sociales en el curso de la época siguiente, aportó numerosas correcciones a las hipótesis preli- minares, nuevas respuestas Q los problemas anteriores y planteó numerosos problemas imprevistos. Debe reconocerse sin embargo la contribución sustancial de los pioneros rusos de los años 1910-1920 en el dominio de la poética, al progreso del pensamiento científico en lo que concierne a la lengua en la diversidad de sus funciones. Estas ideas vivificadoras se difundieron mundialmente, sobre todo por intermedio del grupo ruso-checo formado en Praga en 1926. a imagen del Círculo moscovita. 

Quiero citar aquí a uno de los más finos y serios representantes del equipo, B. Tomasheosñi, quien. en ocasión de nuestro último encuentro en Moscú (1956). me hizo observar que las ideas más osadas y estimulantes del movimiento permanecen aún en la sombra. Podrían citarse las penetrantes observaciones sobre la correlación de las funciones referencial y poética o sobre la interdependencia de la 8 sincronía y la diacronía y, ante todo, sobre la mutabilidad, desco- nocida de ordinario, en la jerarquía de los valores. Los trabajos que extendían los principios sintácticos al análisis de enunciados com pletos y de su intercambio dialógico han llegado a uno de los más grandes descubrimientos de la poesía rusa: el de las leyes que rigen la composición de los temas folklóricos (Propp, Skaftymov) o de las obras literarias (Bajtin),

 Desde el comienzo, las cuestiones teóricas retuvieron la atención de los investigadores, como lo señala el título de sus primeras publi- caciones. Pero si bien no faltan las tentativas de hacer un balance de la doctrina (tal como el meditodo libro de Engelgardt), lo que permanece como más significativo de los "formalistas", es la dis- cusión; tanto la oral como la reflejada en sus escritos. Se encuentra allí la complementaridad necesaria de las diversas perspectivas, tal como se ha manifestado en los diálogos de Platón y erigida en princi: pio en la concepción fundamental de Niels Bohr. El encuentro de los analistas del arte poética con sus maestros es lo que pone a prueba la investigación y la enriquece: no por azar el Círculo lingüístico de Moscú contó entre sus miembros a poetas como Maiakovski, Pastetnak, Mandelshtam y Aseiev. 

En la crónica de los debates en el Círculo de Moscú y en la Opoiaz, tal vez los más encarnizados y sugestivos son los que conciernen a la relación entre las propiedades puramente lingüísticas de la poesía y sus caracteres que trascienden los límites de la lengua y pertenecen  la semiología general del arte.

 Los años veinte dieron a los estudios rusos de poética una fuerte envergadura. La investigación, la enseñanza, la lista de los autores, de las publicaciones, de institutos consagrados al estudio de la poesía y las otras artes, de cursos y conferencias. se acrecentaron constan temente. La crisis de crecimiento era inminente. El desarrollo cons tante de la poética exigía un nuevo impulso de la Iinqiiistic« general que era tan sólo embrionaria. Pero esta inhibición temporaria se transformó en un letargo de larga duración.

 "La interrupción prolongada en el estudio del lenguaje de las bellas letras en su carácter de fenómeno estético", como lo señala una publicación reciente de la Academia de Ciencias de la U.R.S S.• "es debida menos a la lógica interna del proceso del conocimiento que a las limitaciones extrínsecas al pensamiento científico". El cacáctet de estas barreras ha sido evidenciado por el eminente poeta S. Kirsanoo en el primer Congreso de Escritores soviéticos (Moscú. /934): "No se pueden tocar los problemas de la forma poética. de las metáforas. de la rima o el epíteto. sin provocar la respuesta inmediata: [detened a los formalistas! Todo el mundo está amena zado de ser acusado del crimen formalista. Este término se ha trans 9 formado en un punchinq-ball para ejercitar los bíceps de los críticos. Toda mención de la "figura fónica" o de la "semántica" es auto máticamente seguido por un rechazo: ¡Al formalista! Ciertos crí ticos caníbales han hecho de este santo y seña un grito de guerra para defender su propia ignorancia en la práctica y en la teoría del arte poético y para arrancar el cuero cabelludo a cualquiera q~ ose perturbar el wigwam de su oscurantismo".

 Pese a las enojosas supervivencias de estas actitudes de odio, se observa actualmente "una tendencia a retomar, a reintetpretar, a desarrollar con un nuevo impulso creador las verdaderas conquistas de la lingüística y de la estética soviética de los años veinte", con frontándolas con las corrientes actuales del pensamiento lingüístico y semiológico e integrándolas en el sistema conceptual actual. Esta beneficiosa tendencia se manifiesta vivamente en los debates y en interesantes trabajos de los jóvenes investigadores de Moscú, Lenin grado y Tarta.

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