martes, 27 de enero de 2026

HACIA LA NUEVA COMPRENSIÓN DE LA NUEVA EXPLOTACIÓN CAPITALISTA

 Víctor Manel Moncayo


¡Qué bueno viejo que aún tengas esta audiencia! No se trata, sin embargo, de rendirte culto, pues te estaríamos precisamente negando. Hace cuatro y también hace dos años, cuando celebramos con éxito otros dos seminarios similares, presidió esta convocatoria la figura de aquel grabado que te representaba prisionero de los gendarmes, como hoy te quieren ver los que temen el valor de tu obra y de tu perspectiva, aunque muchos continúan más bien proclamando tu muerte, que tantas veces han celebrado sin que nunca ella se haya producido realmente. Ahora, la imagen que hemos descubierto te presenta más bien alegre y libre, quizás porque en medio de las confusiones y ambigüedades de la transformación del orden capitalista que fue objeto de tu crítica, bajo la forma que asumía en el siglo XIX, empezamos a hallar renovadas comprensiones de la nueva realidad del mismo sistema de explotación y dominación –que se han producido en estos años– en buena medida gracias a la globalización bajo la cual se reviste. 

Subsunción real y nueva explotación 

Bajo las relaciones capitalistas la fuerza de trabajo venía jugando el doble papel de ser la fuente real del capital en el seno de la unidad productiva, donde se producía la explotación, y al mismo tiempo su oposición viviente, autoafirmándose por fuera de las relaciones que la dominan. Las transformaciones a las cuales asistimos han desarticulado esa separación, pues la explotación no se limita a la fábrica sino que se extiende por toda la sociedad, hasta el punto que la explotación ya no puede ser localizada ni tampoco cuantifica da. Se ha llegado así al estadio del trabajo abstracto, como capacidad universal de producir, que no tiene un lugar específico en el cual deba desplegarse.

 Lo que ha ocurrido es lo que ya anunciaba Marx en los Grundrisse1. En una primera fase, el cambio introducido por el proceso de valorización capitalista era sólo de carácter formal, en cuanto el proceso de trabajo se tomaba de manera pura y simple como se encontraba, sin producirse ninguna modificación radical o sustancial de su estructura técnica, aunque el proceso laboral sí se subordinaba ya al capital, pues el trabajador directo perdía las condiciones objetivas (medios de producción) y subjetivas (medios de subsistencia), que se le enfrentaban monopolizadas por el adquirente de su capacidad de trabajo.

 Pero, una vez que se pasa al estadio de la subsunción real, los factores sufren cambios sustanciales en su forma, para adecuarse de mejor manera a  las necesidades de la valorización, es decir de la explotación capitalista. En primer lugar, el medio de trabajo o de producción deja de ser el instrumento que transmite la actividad del trabajador al objeto, para convertirse en la máquina o mejor en el sistema automático de máquinas, como fuerza motriz que se pone ella misma en movimiento y relega el trabajo vivo al simple papel de vigilante de la acción transmitida por la máquina a la materia del trabajo. Ya no cuenta el arte y la habilidad del trabajador que animaba la herramienta, pues en lo sucesivo la virtuosa es la máquina, que obra como si estuviera dotada de “alma” y requiere consumir materias instrumentales para funcionar, así como el obrero necesita de consumos alimentarios.

 Se produce una transformación radical: el trabajo deja de constituir la unidad dominante en el seno del proceso laboral, para ceder ese lugar al trabajo objetivado, que ya no está constituido por simples productos que sirven de instrumentos de trabajo, sino que es la fuerza productiva misma. “El con junto del proceso de producción ya no está subordinado a la habilidad del obrero, sino que se ha convertido en una aplicación tecnológica de la cien cia”. Como consecuencia de esa transformación, el trabajo inmediato y su cantidad cesa de ser el principio determinante de la producción, viéndose reducido en términos cuantitativos a proporciones ínfimas y, desde el punto cualitativo, a un papel subalterno con respecto a la actividad científica general, a la aplicación tecnológica de las ciencias naturales, y a la productividad general que deriva de la organización social del conjunto de la producción. 

Debido a ello, la subsunción por parte del proceso de valorización no sólo es real con respecto al proceso de trabajo, sino que ya se refiere al con junto de la sociedad. Las máquinas, la automatización, la ciencia y la técnica han potenciado la subjetividad del capital. Pero, es obvio que en ese nuevo estadio el antagonismo no desaparece, sino que adquiere otras características y, sobre todo, abre nuevas posibilidades a la autovalorización proletaria. En efecto, la creación de riqueza depende menos del tiempo de trabajo y de su cantidad, y cada vez más del nivel alcanzado por la ciencia y la tecnología aplicadas a la producción, que han convertido el trabajo en actividades de simple vigilancia o regulación del proceso de producción. El trabajo en su forma inmediata deja de ser la fuente principal de la riqueza y el tiempo de trabajo su medida; el valor de cambio no puede ya funcionar como medida del valor de uso. La transformación producida, que es una respuesta reorgánica del capital, ha desquiciado el valor de cambio y provocado una nueva contradicción: el capital ha promovido e impulsado la reducción del tiempo de trabajo a un mínimo, pero al tiempo sigue planteando el trabajo como la única fuente y la medida de la riqueza. La reducción al mínimo del trabajo necesario, amplía el tiempo del no-trabajo y abre la posibilidad de una subjetividad distinta que no produzca sólo riquezas, valores de cambio, sino que pueda producir valores de uso y disfrutar de ellos. 

Lo que ocurre en los desarrollos del proceso de valorización intuidos por Marx, corresponde en términos generales a los procesos de reorganización del trabajo productivo en los tiempos que corren. Abren paso a una nueva forma de explotación, de plusvalía, que ya no puede medir la teoría del valor-trabajo, pues el trabajo inmediato y el tiempo de trabajo han dejado de ser un factor dominante. El valor-trabajo como referencia de medida tiene que acudir, cada vez más, al concepto genérico de laboriosidad o productividad social, colectiva, poniéndose así más al desnudo su carácter de forma social de la explotación, de la dominación. El valor es una abstracción constitutiva de la relación de dominación, que funciona en forma objetiva como una regla de medición cuyo referente es el trabajo, aunque ya no pueda ser el trabajo in mediato –el tiempo de trabajo– sino el llamado trabajo social, colectivo, cuya cuantificación es obra del dinero y no de hábiles y sofisticadas operaciones algebraicas.

Claro está que en los actuales momentos, esa abstracción del trabajo, que hace imposible toda externalidad entre producción social y producción económica, se ha magnificado, pues, como lo describe Negri, hoy el trabajo abstracto “es el equipo cooperativo de cerebros y manos, mentes y cuerpos; es tanto la no-pertenencia y la difusión social creativa del trabajo viviente; es el deseo y el esfuerzo de la multitud de trabajadores móviles y flexibles; y al mismo tiempo es energía intelectual y construcción comunicativa y lingüística de la multitud de trabajadores intelectuales y afectivos. Ya no hay lugar donde hallar un interior definido por el valor de uso y un exterior definido por el valor de cambio y, por lo tanto, es ahora en definitiva inconcebible cualquier política del valor de uso basada en una ilusión de separación. Por el contrario, hoy más que nunca, mientras las fuerzas productivas tienden a ser deslocalizadas, producen no sólo mercancías sino también ricas y poderosas relaciones sociales. Sin embargo, estas nuevas fuerzas productivas no tienen un lugar, porque ocupan todos los lugares, y producen y son explotadas en este no-lugar indefinido. La universalidad de la creatividad humana, la síntesis de la libertad, el deseo y el trabajo viviente es lo que tiene lugar en el no lugar de las relaciones de producción posmodernas. El Imperio es el no-lugar de la producción mundial donde es explotado el trabajo. En contraste, y sin homología posible con el Imperio, aquí encontramos otra vez a la formalidad   Hacia la necesaria comprensión de la nueva explotación capitalista revolucionaria del republicanismo moderno. Es aún una formalidad puesto que no posee lugar, pero una potente formalidad ahora que es reconocida no como abstraída de los sujetos individuales y colectivos sino como la fuerza general que constituye sus cuerpos y sus mentes. El no-lugar posee cerebro, corazón, torso y miembros globalmente”.

 Esto hace reaparecer a la multitud, que no al pueblo, pues “el trabajo inmaterial, intelectual, en breve, el saber no requiere en absoluto ninguna dominación para convertirse en cooperación y para tener de esa manera efectos universales. Por el contrario, el saber siempre se excede con relación a los valores (mercantiles) en los cuales se le quiere encerrar”. Es la nueva geografía de la globalización, para utilizar la expresión de Saskia Sassen4, que ha hecho aparecer una verdadera cadena de montaje global en la fabricación: las zonas de libre comercio y las zonas de exportación de acabados donde las empresas pueden situar sus instalaciones de producción sin verse so metidas a los impuestos locales y a otras reglamentaciones; los escenarios de las “maquilas”; el traslado al extranjero del sector terciario, a través de empresas de servicios; o simplemente el trabajo a domicilio y a distancia. Obviamente, como lo ha advertido la misma Sassen5, a esa mayor dispersión geográfica corresponde un mayor control central, pues las nuevas funciones centrales se hayan concentradas en los territorios de los países más desarrollados, con un sistema financiero igualmente concentrado y a través de una red de ciudades globales como Nueva York, París o Ámsterdam, necesariamente emplazadas en territorios nacionales.


1.-1 Retomamos aquí lo expuesto en Víctor Manuel Moncayo, Marx sin marxismos, Bogotá, 1993, pp. 40-42. [ xiv ]

2.-[Grundrisse der Kritik der politischen Oekonomie [Rohentwurf, 1857 1858] México, siglo XXI Editores, tomo II, p. 214. [xv] VÍCTOR MANUEL MONCAYO C

3.-Karl Marx, Esbozo de crítica de la economía política (borrador) .



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