Este artículo analiza la relación de José Eustasio Rivera con la literatura en lengua portuguesa, en particular sus lecturas y aproximaciones a autores portugueses en su obra L a Vo rág in e. Se relacionan los libros que forman parte de los vestigios de su biblioteca personal, sus interacciones con intelectuales lusófonos y su interés en trazar un diálogo cultural a los dos lados de la línea de Tordesillas. Así mismo, se examina el estatuto de autoría de Arturo Cova. Por último, se propone una revisión de la etiqueta “modernista” para referirse a distintos momentos o particularidades de la producción artística riveriana, buscando trascender fronteras lingüísticas y de la historiografía literaria, y obedeciendo a una motivación cosmopolita.
Rivera y la lengua portuguesa: coordenadas para un mapa transfronterizo
La visión frenética del naufragio me sacudió vigorosamente con una ráfaga de belleza. El espectáculo fue magnífico. [...] ¡Bello morir el de aquellos hombres, cuya existencia apagóse súbitamente, como una brasa entre las espumas, al través de las cuales subió el espíritu haciéndolas hervir con rumor de júbilo! (Rivera, 2024, p. 124).O, entonces, Rivera recupera el antiguo tema de Lucrecio, en el que es “suave” o sublime el sentimiento de quien contempla la desgracia ajena y encuentra en ella el placer de no sentirla. De no haber leído ese tropo en el romano, es muy posible que lo haya notado en el poema “Suave Mari Magnum” de Machado de Assis.33La facultad de médium de la naturaleza ya no permite la escritura de decimonónicos “panoramas sentimentales”, y el ejercicio de crítica poética se presenta como una instancia de desdoblamiento: “En breves minutos volví a vivir mis años pretéritos, como espectador de mi propia vida” (Rivera, 2024, p. 189). Los lectores de La Vorágineno pueden leer de manera directa la poesía primitiva de Cova, pero 33 Cabe recordar aquí que, en 1914, el poeta Guillermo Valencia incluyó en su libro Ritosuna traducción del poema “La mosca azul“, extraído del mismo libro de Machado de Assis: Ocidentais.Imagen 4. Poema “Suave Mari Magnum”Fuente: Fondo Rivera, Biblioteca Mariano Valenzuela, PUJ, Bogotá;https://goo.su/dsAzRz.
Como lo afirma Álvaro Pineda (1999, p. 496), la narrativa de Cova contiene implícita una parodia de Valencia y de Silva, y también es autoirónica del poeta que la escribe, es decir, de Cova. Pero su grado más alto de intensidad poética se revela en la transformación del sonetista Rivera, quien vive la experiencia sacrificial en persona de otro, improvisándose una psicología imposible y rindiéndose al ansia de salir de sí para escribir La Vo rág in e de Cova.En los términos que sugiero aquí, La Vorágine realiza la palinodia de un estilo literario asociado a un pasado, que Rivera ensayaría y perfeccionaría en Tierra de promisión, aun si este le había merecido reconocimiento entre sus contemporáneos. Rivera construye un discurso implícito de superación de motivos comunes a la poesía de Darío, insignias de un modernismo hispanoamericano que la historiografía literaria con frecuencia, aunque no sin polémica, da por concluido entre 1910 y 1916 (Oviedo, 1997, p. 221).Como Fradique y las filiaciones ideológicas de Eça de Queirós, la autobiografía de artista de Arturo Cova es un reflejo distorsionado de la vida-escritura de Rivera que posibilita una segunda obra a costa de la recusación de la primera. Todavía, La Vorágine también es, y he aquí un trazo radicalmente moderno en sentido cervantino, la materialización del objeto de ficción libro que desafía las fronteras de su objetivación, proponiendo una mise en abime del sujeto que enuncia y que es fuente y producto del lenguaje, remarcando la frontera entre realidad y ficción, al mejor estilo de Machado de Assis (cf. Barros Baptista, 2003). El símbolo de esta dinámica de contaminación de planos de existencia, aprendida del Barroco y del teatro, se hace explícito con las fotografías incluidas en la primera edición de la novela, en particular con aquella en la que Rivera propone su propio rostro como figuración de Cova, junto a la respectiva leyenda (cf. Bernucci, 2020, pp. 215-216).
Con La Vorágine, y principalmente con la concepción literaria de su a lt er-ego, Rivera recorre un camino que trasciende las búsquedas estilísticas del movimiento modernista hispanoamericano, dejando atrás a Martí, Darío y Rodó, para alcanzar, en 1924, un nuevo artificio que ensaya la transformación del estatuto autoral y se adelanta en el tiempo a los juegos de figuración que Fernando Pessoa convertiría en el punto más revolucionario de su poética modernista.En 1924, Pessoa publicó un libro de odas de Ricardo Reis, en la revista modernista-filoclásica Athena; y, en 1925, al maestro Alberto Caeiro. En 1928, Pessoa explicaría a su naciente fanaticada las condiciones de producción creativa de las criaturas que desde entonces se hizo costumbre llamar heterónimos:O que Fernando Pessoa escreve pertence a duas categorias de obras, a que poderemos chamar ortónimas e heterónimas. Não se poderá dizer que são autónimas e pseudónimas, porque deveras o não são. A obra pseudónima é do autor em sua pessoa, salvo no nome que assina; a heterónima é do autor fora da sua pessoa, é de uma individualidade completa fabricada por ele, como o seriam os dizeres de qualquer personagem de qualquer drama seu (Pessoa, 1928, p. 10; énfasis añadido).
La trayectoria del desdoblamiento hacia una instancia de enunciación que cristaliza el ansia de salir de sí está en el centro del sistema. Dicho sistema requiere que aquello que pudiera ser entendido como engaño o falsificación, sea visto como diferencia, variación y enriquecimiento. Los poetas son acuñadores de monedasque, si en su origen no son verdaderas, extraen su valor de quienes las reciben y las usan.34 La naturaleza expansiva en términos de planos de realidad es propia del proyecto heteronímico, como se declara líneas más adelante, refiriéndose a la futura publicación de los libros de Reis, Campos y Caeiro:As obras destes três poetas formam, como se disse, um conjunto dramático; e está devidamente estudada a entreação intelectual das personalidades, assim como as suas próprias relações pessoais. Tudo isto constará de biografias a fazer, acompanhadas, quando se publiquem, de horóscopos e, talvez, de fotografias. É um drama em gente, em vez de em atos (Pessoa, 1928, p. 10).Pessoa no cumplió su propósito de producir las fotografías de los heterónimos, pero no cabe duda de que, de haberlo hecho, estas vendrían con una leyenda análoga a aquella fingida por Rivera para Cova.Si Rivera se sintió forzado a retractarse de lo osado de su innovación de 1924, retirando la leyenda en la segunda edición, y las fotografías en 1928 (Páramo et al., 2024, p. 11), mientras expurgaba los endecasílabos y alejandrinos de Cova, habrá sido porque, en su conflicto interno, el escritor cívico con propósitos de transformación social habló más fuerte o con más miedo que el autocomplaciente creador. Algunos poetas pueden tener más recelo que otros ante la posibilidad de ser confundidos con los “acuñadores de las monedas” (Rivera, 2024, p. 28).En cualquier caso, en 1888, a los dos lados de la imaginaria línea de Tordesillas y a miles de kilómetros de distancia, nacieron José Eustasio Rivera y Fernando Pessoa. Ambos fueron dos notables modernistas, en un sentido del término que comparten con Franz Kafka, James Joyce, Virginia Woolf y Thomas Mann. Tal vez desde esta comprensión del modernismo de Rivera sea posible leer un día 34 Véase el texto “A origen do conto do vigario”: https://n9.cl/vbqo97.
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