jueves, 8 de enero de 2015

GUILLERMO MARTINEZ 2

Este excelente escritor Argentino ganó el primer concurso Hispanoamericano del cuento Gabriel García Márquez, el anterior articulo fue publicado en el blog literatura al día en el 2009, haciendo énfasis a la relación de sus relatos con el mundo de las matemáticas. Para nosotros, que le venimos leyendo hace mucho tiempo, este galardón que se suma a los muchos que ha ganado no es ninguna sorpresa. Esperamos los lectores de DIRATO LIBROS, empiecen a leerlo, no se arrepentiránaquí publicamos un texto y una entrevista.

er escritor y los problemas de definición
Publicado en Escritores del mundo, junio 2014.

¿Qué significa ser escritor? Como con toda palabra asociada a cierto prestigio, el intento de definición se empeña (inútilmente) por recortar lo suficiente o identificar un rasgo que sugiera alguna clase de valor, más allá de la comprobación tautológica de una cantidad de páginas escritas.
La palabra es a la vez profunda y trivial, y basta cambiar la entonación para que concurran distintas acepciones o gradaciones para desglosar. En la acepción más llana y democrática un escritor es, me parece, simplemente una persona que se ha dedicado con cierta consecuencia y al menos durante una parte de su vida a escribir. Cualquier otro requisito que se quiera imponer queda de inmediato bajo el fuego de contraejemplos. Por ejemplo: ¿Es necesario haber publicado algo? No: Kafka, o cualquier escritor todavía inédito que acumula manuscritos, o que se limita a escribir por amor al arte. Mi padre nunca publicó en su vida y dejó una obra escrita apabullante. ¿Es necesario haber escrito una cierta cantidad de libros? No: Rulfo y su obra mínima. ¿Es necesario haber escrito durante toda la vida, para recibirlo como título honorífico al final? No: Alain Fournier o Rimbaud. ¿Es necesario ser ungido por la academia? No: Borges ignorado por nuestras facultades hasta 1965 y atacado durante muchos años más. ¿Es necesario tener el reconocimiento de lectores? No: Di Benedetto y su obra tanto tiempo no leída. ¿Es necesario haber sido publicado por un editor? No: otra vez Borges y tantos otros, que se publicaron a sí mismos el primer libro. ¿Es necesario tener alguna formación en particular? No: hay ejemplos de todos los oficios terrestres y Piglia, famosamente, porque quería ser escritor, decidió eludir la carrera de Letras. 
Ahora bien, más allá de esta acepción “democrática”, en los círculos literarios la palabra se usa como contraseña para distinguir niveles. Por ejemplo, en la expresión “Te puede gustar o no, pero es un escritor”. Aquí, “escritor” reconoce a quien tiene, además de libros publicados, algo nuevo o interesante para decir, algo personal, un mundo propio, que sobresale y se reconoce de algún modo. Entre estos dos extremos están todas las gradaciones posibles, y también la que cada cual elige como definición para sí. 



Por Juan Carlos Millán. Especial para EL MERIDIANO Cultural. Licenciado en Matemática por la Universidad Nacional del Sur en 1984, doctor en Lógica en 1992, el ganador del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, Guillermo Martínez, adelantó estudios posdoctorales en Oxford. Premio Planeta Argentina con la novela Crímenes imperceptibles –traducida a 35 idiomas, y llevada al cine por Álex de la Iglesia–, colabora habitualmente con artículos y reseñas en distintos medios.
"Había un escritor argentino que enviaba todos sus libros a concursos literarios y pegaba la página 100 a la 101 para que cada vez que recibía rechazada la novela, constataba si el jurado había leído la obra. Después, tras convertirse en escritor y hacer parte de un Jurado, se da cuenta de que cada escritor se mueve en una cárcel sintáctica, de tal manera que una persona acostumbrada a leer se da cuenta de la clase de libro que tiene entre las manos y no necesita llegar hasta la página 100. De tal manera que al final de su vida, este autor reconoció que después de saber qué clase de escritor se está leyendo solo resta ir hasta la página 100 y DESPEGARLADescripción: http://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png", recordó el galardonado escritor durante una emotiva charla celebrada en la Biblioteca Nacional como parte de la semana dedicada al Premio y a García Márquez, que reunió a los cinco finalistas.
¿Qué importancia tienen reconocimientos como el Premio Hispanoamericano de Cuento con el que usted acaba de ser galardonado?
 Yo inicié mi carrera como escritor gracias a un premio literario con el que se reconoció mi primer libro de cuentos. En los años noventa era muy difícil publicar en Argentina, y mucho más si se trataba de un libro de cuentos; de tal manera que gracias a un Premio del Fondo Nacional de las Artes, pude ver publicado Infierno grande.
Para mí los premios cumplen con la importante función de descubrir, traer a la luz y ayudar a los autores que recién comienzan sus carreras. Cuando comencé a publicar solo había cinco editoriales que publicaban autores argentinos, pero ninguna de ellas arriesgaba por nombres desconocidos.
¿Quiénes publicaban? Aquellos que hacían parte del sistema, amigos de editores, los propios editores y periodistas culturales, porque existía la estrategia de hacerse a un nombre y un público en los diarios, para luego escribir una novela que tuviera garantizada a sus lectores; primero se debía ejercer el periodismo para luego convertirse en escritor, que son cosas muy distintas, aunque algunas veces coincidan.
¿Cuál es la importancia de reconocer un género como el del cuento?
 El cuento tiene una riqueza formal suficiente como para poder contener todos los temas literarios o filosóficos. Y de algún modo ese fue uno de los aportes más importantes de Borges al género: hacer de cada cuento algo así como un pequeño Aleph de la literatura, una reproducción en miniatura de todas las formas literarias. La novela es un desarrollo posterior, pero el género del cuento –como decía el propio García Márquez– estuvo desde el principio; y creo que va a seguir estando, porque es el arquetipo de cualquier narración.
¿Cuál es la temática de las obras que integran Una felicidad repulsiva?
 Este libro está integrado por una serie de relatos fantásticos, aunque hay una serie de registros en los que se percibe un tono familiar, un tono erótico; hay una nuovelle que es un cuento de horror. En fin, hay varios registros. Yo trato de hacer mis cuentos a veces en consonancia y otras en contravía de tradiciones muy establecidas dentro del género. El primer cuento de este libro –El I Ching y el hombre de los papeles– lo escribí hace 12 años, y fue mi regreso al género después de muchos años, porque a pesar de escribir novelas tenía en lista de espera una cantidad de temas a los que nunca les llegaba el momento. Y cuando lo escribí, tuve la sensación de que este cuento inauguraría toda una serie.
¿Le costó trabajo volver a escribir cuentos después de tanto tiempo?
 La verdad, tuve que buscar la aceptación del género, y se trató de un regreso con dificultades en la medida que había perdido parte de la naturalidad con la que solía escribir cuentos, durante la adolescencia y los primeros años dedicado al oficio. El conjunto del libro se fue armando de una manera un poco imprevista a la que faltaba la nuovelle con la que quería cerrarlo: Una madre protectora.
¿Por qué hacer un libro de cuentos?
Yo también he escrito novelas –cinco–, pero en general a mí se me ocurren una serie de ideas que luego se convierten en cuentos. De hecho, cuatro de estas cinco novelas originalmente estaban concebidas como cuentos, y este libro no se publicó antes porque la nuovelle que tenía pensada para cerrar el libro –La muerte lenta de Luciana B–, se convirtió en una novela. Luego hice un segundo intento con Yo también tuve una novia bisexual, que también terminó convertida en una novela.
Comienzo con la idea de escribir un relato largo quizá, no más allá de eso, pero algunas historias cobran esa especie de segunda dimensión, que yo asocio con un elemento teórico, que me obliga a contemplar la posibilidad de ampliar el relato para llevarlo al género novelístico. En general, cuando comienzo a escribir no sé si el resultado va a ser un cuento o una novela, pero trato de que cada historia tenga la longitud que precisa. 
¿Cómo escribe sus cuentos y sus novelas?
Yo soy muy lento para escribir, y no puedo darme el lujo de decidir si voy a escribir un cuento o una novela, porque escribir un cuento también requiere tiempo y no es cosa de un rato. De tal manera que si trabajo en una novela trato de terminarla, porque la contrapartida de ese proceso tan lento es que nunca dejo proyectos a la mitad. Por ejemplo, tardé seis meses en escribir Una madre protectora.
¿Le preocupa el público y el cambio que se pueda estar gestando con las nuevas tecnologías?
La realidad es mucho más astuta, contradictoria y diversa de lo que parecerían sugerir las tendencias principales. El libro típico que espera un editor norteamericano es un libro grande, y nosotros solemos definir a las novelas argentinas como finitas y raras, porque la concepción que tenemos allá no es la del mamotreto. Y no por eso se venden más, desde luego, porque no existe una correlación entre la cantidad de páginas que pueda tener una obra y el interés del público.
Resulta interesante cómo se verá afectada la manera de leer y la literatura del futuro, pero yo como escritor nunca me planteo esas cuestiones. Pienso en el texto que tengo entre manos como un problema en sí mismo, al igual que los matemáticos no se preguntan si de aquello que intentan resolver saldrá una industria o qué otra cosa. 
A veces se sufre con las consecuencias, pero eso también resulta imprevisible. Cuando terminé de escribir Crímenes imperceptibles, que es mi novela más traducida y la de mayor éxito en ventas, recuerdo haberle dicho a mi mujer de ese entonces que esa obra solo la iban a poder leer matemáticos, y mis expectativas no iban más allá de que el libro tuviera cierta acogida en la Facultad de Ciencias Exactas. Por otra parte, los depósitos de las editoriales están llenos de libros que se suponían predestinados a ser grandes best sellers.
Leer para escribir
¿Qué papel juega el legado de Gabriel García Márquez en su obra?
García Márquez me parece que dejó una lección de vida admirable respecto a lo que implica ser un escritor y un intelectual de nuestro tiempo. Como escritor, a mí me han llamado particularmente la atención sus nouvelles –que es un género que me interesa–, porque además fueron las primeras que tuve la oportunidad de leer: La hojarasca, La mala hora, El coronel no tiene quien le escriba, y sobre todo La mala hora. Esa es la zona de García Márquez que más me interesa como escritor.
Eso no significa que como lector no disfrute la lectura de autores que escriben muy diferente a lo que yo hago, porque no tengo una visión literaria tan sesgada como para no poder apreciar otros modos muy distintos de expresarse, de tal manera que también admiro profundamente esas grandes novelas que nos dejó García Márquez.
Aunque el propio García Márquez rescataba la oralidad y esas historias que contaba su abuela, también está presente en su obra el legado de Alejo Carpentier, de tal manera que logra decantar todo ese preciosismo que venía del Barroco Latinoamericano para darle una renovada fuerza que resulta avasallante, y que está tan presente en esas grandes nouvelles. 

Usted viene de una familia políticamente comprometida. ¿Qué tanto pesa el compromiso político en su propia obra?
Por eso decía que para mí García Márquez era un ejemplo de vida, en la medida que siempre defendió causas que podían resultar muy incómodas y que le podían restar miles y miles de lectores. En mi obra ese tipo de compromiso político no está tan presente porque siempre descreí del compromiso político en la esfera literaria. Yo fui militante político y me parecía que poco o nada podía hacerse desde los libros, en la medida que una obra literaria llega a su público en tiempos distintos que puede abarcar generaciones.
Además de escritor, usted es doctor en Ciencias Matemáticas. ¿Qué tanto hay de evasión en la determinación de escribir?
Escribí desde muy chico y la literatura siempre ha estado en mi vida; de tal manera que nunca sentí el estudio de las ciencias exactas como un corsé, al revés. Por ejemplo, el estudio de las lógicas polivalentes –que son un intento de dejar atrás la lógica binaria–, ya que encuentro que dentro de la lógica matemática también hay un espacio para la paradoja, la creación y la innovación. Pienso por ejemplo en los fractales, que son estructuras con ciertas patologías y monstruosidades que remiten de inmediato a la literatura fantástica.
¿Qué tanto lo inspiró Ernesto Sábato en esa intención de seguir la vocación de escritor?
Ernesto Sábato no me parece un buen ejemplo, porque se trata de alguien que siempre renegó de la Ciencia, e incluso entró en una especie de misticismo anticientificista, que sin embargo no le impidió ir a buscar su premio a Rumania en un avión. Abominar de la ciencia en general resulta reduccionista, porque allí también se encuentran sutilezas admirables en la manera de pensar, e incluso hay una riqueza comparable o superior a otros campos del conocimiento respecto a la audacia del pensamiento.
De Sábato me interesan algunos ensayos de su primera época, o su novela El Túnel; y como pasa con casi todos los escritores, hay una parte de su obra que merece ser rescatada, porque a veces se suele caer en la tentación de abominar de la obra de alguien en su conjunto. Yo por ejemplo al principio era el escritor de Bahía Blanca, luego fui el escritor matemático y después el escritor de policiales. No es así, porque yo aspiro a ser escritor a secas. Muchos noveles escritores se ven enfrentados a la paradoja de estudiar una 'carrera seria' y dedicarse a la literatura.
¿Le ocurrió algo parecido?
Mi papá se daba cuenta de que era muy difícil ganarse la vida a través de la literatura, y quería que yo terminara una 'carrera seria', para luego hacer lo que había hecho él mismo: era ingeniero agrónomo, pero después se dedicó a escribir y a leer, de manera que terminó haciendo lo que quiso.
A su muerte –él era un muy buen cuentista y muy prolífico, además–, hicimos una selección junto con mis hermanos de aquellos cuentos que circulaban dentro de la familia, que él había corregido en su momento y alguno de los cuales incluso ganó un premio literario. El libro se llamó Un mito familiar, y alcanzó a tener un recorrido literario.
Después, yo mismo descubrí que dentro del ambiente literario argentino, aunque casi ningún escritor vive de sus libros, hay toda una cantidad de espacios para vivir de la literatura en un sentido general: talleres, cursos, conferencias; muchos escritores viven de ese entorno literario.
Usted se ha referido en varias oportunidades a la importancia que tuvo la biblioteca pública en su formación como escritor…
La Biblioteca Pública Rivadavia en Bahía Blanca es una biblioteca muy hermosa y muy completa –durante mucho tiempo fue la biblioteca pública más completa de América Latina–, en la que por ejemplo tuve la oportunidad de leer gran cantidad de novelas policiacas, libros de Julio Verne, y colecciones estupendas como la de Robin Hood, o Iridium.
Recuerdo que allí también leí mi primer libro largo, de lo cual estaba muy orgulloso, que fue El conde de Montecristo. Estaba todo, y mi papá tenía la función de conseguir los libros que solicitaban algunos de los usuarios y que le interesaban a él mismo: hacía listas de libros que luego se incorporaban al patrimonio general de la biblioteca.


DATOS:
Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962). Se radicó en Buenos Aires en 1985, donde se doctoró en Ciencias Matemáticas. Posteriormente residió dos años en Oxford, Gran Bretaña, con una beca de postdoctorado del CONICET. En 1982 obtuvo el Primer Premio del Certamen Nacional de Cuentos Roberto Arlt con el libro La jungla sin bestias (inédito). En 1989 obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las Artes con el libro de cuentos Infierno Grande (Planeta). Su primera novela,Acerca de Roderer (Planeta, 1992), tuvo gran recibimiento de la crítica y fue traducida a varios idiomas. Publicó después La mujer del maestro (novela, Planeta 1998).
En 2003 apareció el libro de ensayos Borges y la matemática (Seix Barral) y obtuvo el Premio Planeta Argentina con Crímenes imperceptibles, novela que fue traducida a 35 idiomas y ha sido llevada al cine por el director Álex de la Iglesia, con el título Los crímenes de Oxford y un casting que incluye a John Hurt y Elijah Wood.
En 2005 publicó un libro de artículos y polémicas sobre literatura: La fórmula de la inmortalidad(Seix Barral). En 2007 apareció su última novela, La muerte lenta de Luciana B., contratada hasta el momento para traducciones a veinte idiomas, y votada por la crítica en España entre los diez mejores libros de 2007.
En 2009 publicó en Seix Barral el ensayo Gödel (para todos), en colaboración con Gustavo Piñeiro.

Participó del Internacional Writing Program de la Universidad de Iowa y obtuvo becas del Banff Centre for the Arts y de las fundaciones MacDowell y Civitella Ranieri. Colabora regularmente con artículos y reseñas en La Nación y otros medios. Fue jurado de los principales premios literarios: Alfaguara, Planeta, Emecé, La Nación-Sudamericana, Fondo Nacional de las Artes.
Uno de sus cuentos ha sido publicado recientemente en el New Yorker.

Es uno de los escritores argentinos más traducidos en el mundo.


Por Juan Carlos Millán. Especial para EL MERIDIANO Cultural. Licenciado en Matemática por la Universidad Nacional del Sur en 1984, doctor en Lógica en 1992, el ganador del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, Guillermo Martínez, adelantó estudios posdoctorales en Oxford. Premio Planeta Argentina con la novela Crímenes imperceptibles –traducida a 35 idiomas, y llevada al cine por Álex de la Iglesia–, colabora habitualmente con artículos y reseñas en distintos medios.
"Había un escritor argentino que enviaba todos sus libros a concursos literarios y pegaba la página 100 a la 101 para que cada vez que recibía rechazada la novela, constataba si el jurado había leído la obra. Después, tras convertirse en escritor y hacer parte de un Jurado, se da cuenta de que cada escritor se mueve en una cárcel sintáctica, de tal manera que una persona acostumbrada a leer se da cuenta de la clase de libro que tiene entre las manos y no necesita llegar hasta la página 100. De tal manera que al final de su vida, este autor reconoció que después de saber qué clase de escritor se está leyendo solo resta ir hasta la página 100 y DESPEGARLADescripción: http://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png", recordó el galardonado escritor durante una emotiva charla celebrada en la Biblioteca Nacional como parte de la semana dedicada al Premio y a García Márquez, que reunió a los cinco finalistas.
¿Qué importancia tienen reconocimientos como el Premio Hispanoamericano de Cuento con el que usted acaba de ser galardonado?
 Yo inicié mi carrera como escritor gracias a un premio literario con el que se reconoció mi primer libro de cuentos. En los años noventa era muy difícil publicar en Argentina, y mucho más si se trataba de un libro de cuentos; de tal manera que gracias a un Premio del Fondo Nacional de las Artes, pude ver publicado Infierno grande.
Para mí los premios cumplen con la importante función de descubrir, traer a la luz y ayudar a los autores que recién comienzan sus carreras. Cuando comencé a publicar solo había cinco editoriales que publicaban autores argentinos, pero ninguna de ellas arriesgaba por nombres desconocidos.
¿Quiénes publicaban? Aquellos que hacían parte del sistema, amigos de editores, los propios editores y periodistas culturales, porque existía la estrategia de hacerse a un nombre y un público en los diarios, para luego escribir una novela que tuviera garantizada a sus lectores; primero se debía ejercer el periodismo para luego convertirse en escritor, que son cosas muy distintas, aunque algunas veces coincidan.

¿Cuál es la importancia de reconocer un género como el del cuento?
 El cuento tiene una riqueza formal suficiente como para poder contener todos los temas literarios o filosóficos. Y de algún modo ese fue uno de los aportes más importantes de Borges al género: hacer de cada cuento algo así como un pequeño Aleph de la literatura, una reproducción en miniatura de todas las formas literarias. La novela es un desarrollo posterior, pero el género del cuento –como decía el propio García Márquez– estuvo desde el principio; y creo que va a seguir estando, porque es el arquetipo de cualquier narración.
¿Cuál es la temática de las obras que integran Una felicidad repulsiva?
 Este libro está integrado por una serie de relatos fantásticos, aunque hay una serie de registros en los que se percibe un tono familiar, un tono erótico; hay una nuovelle que es un cuento de horror. En fin, hay varios registros. Yo trato de hacer mis cuentos a veces en consonancia y otras en contravía de tradiciones muy establecidas dentro del género. El primer cuento de este libro –El I Ching y el hombre de los papeles– lo escribí hace 12 años, y fue mi regreso al género después de muchos años, porque a pesar de escribir novelas tenía en lista de espera una cantidad de temas a los que nunca les llegaba el momento. Y cuando lo escribí, tuve la sensación de que este cuento inauguraría toda una serie.
¿Le costó trabajo volver a escribir cuentos después de tanto tiempo?
 La verdad, tuve que buscar la aceptación del género, y se trató de un regreso con dificultades en la medida que había perdido parte de la naturalidad con la que solía escribir cuentos, durante la adolescencia y los primeros años dedicado al oficio. El conjunto del libro se fue armando de una manera un poco imprevista a la que faltaba la nuovelle con la que quería cerrarlo: Una madre protectora.
¿Por qué hacer un libro de cuentos?
Yo también he escrito novelas –cinco–, pero en general a mí se me ocurren una serie de ideas que luego se convierten en cuentos. De hecho, cuatro de estas cinco novelas originalmente estaban concebidas como cuentos, y este libro no se publicó antes porque la nuovelle que tenía pensada para cerrar el libro –La muerte lenta de Luciana B–, se convirtió en una novela. Luego hice un segundo intento con Yo también tuve una novia bisexual, que también terminó convertida en una novela.
Comienzo con la idea de escribir un relato largo quizá, no más allá de eso, pero algunas historias cobran esa especie de segunda dimensión, que yo asocio con un elemento teórico, que me obliga a contemplar la posibilidad de ampliar el relato para llevarlo al género novelístico. En general, cuando comienzo a escribir no sé si el resultado va a ser un cuento o una novela, pero trato de que cada historia tenga la longitud que precisa. 
¿Cómo escribe sus cuentos y sus novelas?
Yo soy muy lento para escribir, y no puedo darme el lujo de decidir si voy a escribir un cuento o una novela, porque escribir un cuento también requiere tiempo y no es cosa de un rato. De tal manera que si trabajo en una novela trato de terminarla, porque la contrapartida de ese proceso tan lento es que nunca dejo proyectos a la mitad. Por ejemplo, tardé seis meses en escribir Una madre protectora.


¿Le preocupa el público y el cambio que se pueda estar gestando con las nuevas tecnologías?
La realidad es mucho más astuta, contradictoria y diversa de lo que parecerían sugerir las tendencias principales. El libro típico que espera un editor norteamericano es un libro grande, y nosotros solemos definir a las novelas argentinas como finitas y raras, porque la concepción que tenemos allá no es la del mamotreto. Y no por eso se venden más, desde luego, porque no existe una correlación entre la cantidad de páginas que pueda tener una obra y el interés del público.
Resulta interesante cómo se verá afectada la manera de leer y la literatura del futuro, pero yo como escritor nunca me planteo esas cuestiones. Pienso en el texto que tengo entre manos como un problema en sí mismo, al igual que los matemáticos no se preguntan si de aquello que intentan resolver saldrá una industria o qué otra cosa. 
A veces se sufre con las consecuencias, pero eso también resulta imprevisible. Cuando terminé de escribir Crímenes imperceptibles, que es mi novela más traducida y la de mayor éxito en ventas, recuerdo haberle dicho a mi mujer de ese entonces que esa obra solo la iban a poder leer matemáticos, y mis expectativas no iban más allá de que el libro tuviera cierta acogida en la Facultad de Ciencias Exactas. Por otra parte, los depósitos de las editoriales están llenos de libros que se suponían predestinados a ser grandes best sellers.
Leer para escribir
¿Qué papel juega el legado de Gabriel García Márquez en su obra?
García Márquez me parece que dejó una lección de vida admirable respecto a lo que implica ser un escritor y un intelectual de nuestro tiempo. Como escritor, a mí me han llamado particularmente la atención sus nouvelles –que es un género que me interesa–, porque además fueron las primeras que tuve la oportunidad de leer: La hojarasca, La mala hora, El coronel no tiene quien le escriba, y sobre todo La mala hora. Esa es la zona de García Márquez que más me interesa como escritor.
Eso no significa que como lector no disfrute la lectura de autores que escriben muy diferente a lo que yo hago, porque no tengo una visión literaria tan sesgada como para no poder apreciar otros modos muy distintos de expresarse, de tal manera que también admiro profundamente esas grandes novelas que nos dejó García Márquez.
Aunque el propio García Márquez rescataba la oralidad y esas historias que contaba su abuela, también está presente en su obra el legado de Alejo Carpentier, de tal manera que logra decantar todo ese preciosismo que venía del Barroco Latinoamericano para darle una renovada fuerza que resulta avasallante, y que está tan presente en esas grandes nouvelles. 

Usted viene de una familia políticamente comprometida. ¿Qué tanto pesa el compromiso político en su propia obra?
Por eso decía que para mí García Márquez era un ejemplo de vida, en la medida que siempre defendió causas que podían resultar muy incómodas y que le podían restar miles y miles de lectores. En mi obra ese tipo de compromiso político no está tan presente porque siempre descreí del compromiso político en la esfera literaria. Yo fui militante político y me parecía que poco o nada podía hacerse desde los libros, en la medida que una obra literaria llega a su público en tiempos distintos que puede abarcar generaciones.
Además de escritor, usted es doctor en Ciencias Matemáticas. ¿Qué tanto hay de evasión en la determinación de escribir?
Escribí desde muy chico y la literatura siempre ha estado en mi vida; de tal manera que nunca sentí el estudio de las ciencias exactas como un corsé, al revés. Por ejemplo, el estudio de las lógicas polivalentes –que son un intento de dejar atrás la lógica binaria–, ya que encuentro que dentro de la lógica matemática también hay un espacio para la paradoja, la creación y la innovación. Pienso por ejemplo en los fractales, que son estructuras con ciertas patologías y monstruosidades que remiten de inmediato a la literatura fantástica.
¿Qué tanto lo inspiró Ernesto Sábato en esa intención de seguir la vocación de escritor?
Ernesto Sábato no me parece un buen ejemplo, porque se trata de alguien que siempre renegó de la Ciencia, e incluso entró en una especie de misticismo anticientificista, que sin embargo no le impidió ir a buscar su premio a Rumania en un avión. Abominar de la ciencia en general resulta reduccionista, porque allí también se encuentran sutilezas admirables en la manera de pensar, e incluso hay una riqueza comparable o superior a otros campos del conocimiento respecto a la audacia del pensamiento.
De Sábato me interesan algunos ensayos de su primera época, o su novela El Túnel; y como pasa con casi todos los escritores, hay una parte de su obra que merece ser rescatada, porque a veces se suele caer en la tentación de abominar de la obra de alguien en su conjunto. Yo por ejemplo al principio era el escritor de Bahía Blanca, luego fui el escritor matemático y después el escritor de policiales. No es así, porque yo aspiro a ser escritor a secas. Muchos noveles escritores se ven enfrentados a la paradoja de estudiar una 'carrera seria' y dedicarse a la literatura.
¿Le ocurrió algo parecido?
Mi papá se daba cuenta de que era muy difícil ganarse la vida a través de la literatura, y quería que yo terminara una 'carrera seria', para luego hacer lo que había hecho él mismo: era ingeniero agrónomo, pero después se dedicó a escribir y a leer, de manera que terminó haciendo lo que quiso.
A su muerte –él era un muy buen cuentista y muy prolífico, además–, hicimos una selección junto con mis hermanos de aquellos cuentos que circulaban dentro de la familia, que él había corregido en su momento y alguno de los cuales incluso ganó un premio literario. El libro se llamó Un mito familiar, y alcanzó a tener un recorrido literario.
Después, yo mismo descubrí que dentro del ambiente literario argentino, aunque casi ningún escritor vive de sus libros, hay toda una cantidad de espacios para vivir de la literatura en un sentido general: talleres, cursos, conferencias; muchos escritores viven de ese entorno literario.
Usted se ha referido en varias oportunidades a la importancia que tuvo la biblioteca pública en su formación como escritor…
La Biblioteca Pública Rivadavia en Bahía Blanca es una biblioteca muy hermosa y muy completa –durante mucho tiempo fue la biblioteca pública más completa de América Latina–, en la que por ejemplo tuve la oportunidad de leer gran cantidad de novelas policiacas, libros de Julio Verne, y colecciones estupendas como la de Robin Hood, o Iridium.
Recuerdo que allí también leí mi primer libro largo, de lo cual estaba muy orgulloso, que fue El conde de Montecristo. Estaba todo, y mi papá tenía la función de conseguir los libros que solicitaban algunos de los usuarios y que le interesaban a él mismo: hacía listas de libros que luego se incorporaban al patrimonio general de la biblioteca.













martes, 16 de diciembre de 2014

LA FIESTA DE NAVIDAD


DIRATO se ha empeñado en ser un sitio diferente a todos y no lo hace por prurito, ni para hacer prevalecer las artimañas propias del mercadeo en este tipo de negocios, sino porque ha deseado imponer una manera nueva de compartir alrededor de un buen café,  abrir espacios a una conversación constructiva, amable, hablar de los buenos libros e informarnos de lo que pasa en el mundo, sin los apremios propios de estos tiempos y sin las argucias acostumbradas por esta sociedad delirante, desconfiada y distante.
Nuestro formato de compartir los libros y permitir su lectura ha resultado para nuestros clientes absolutamente placentera. Este año, no solo innovamos con el modelo,  sino que además, empezamos ciclos de conversatorios sobre temas de actualidad variopintos, con expositores avezados, lo cual  ha resultado ser una experiencia enriquecedora.
Nadie escapa por este tiempo a eso que llamamos espíritu navideño, con su aroma abrazador y reconciliatorio, llena de aquellos pretextos que convocan a la unión, que  nos invitan a estar con la familia alrededor de las novenas, los regalos, producto de una tradición milenaria llena de luces, de canciones fraternales, que para algunos significa volver a los compromisos con el altísimo, que los acercan a una ética religiosa llena de fe e infinidad de promesas para el siguiente año.
DIRATO, les desea una feliz navidad y un próspero año nuevo. Los invita a reconciliarse con la vida, a regalarse tiempo y buscar la paz por encima de cualquier proposito, a compartir con aquellos seres que aman y a cambiar  aquellas cosas que ensombrecen su vida o que los afecta en lo personal.
A don William Serna, un hombre profundamente afecto a DIRATO, le deseamos una recuperación pronta de sus problemas de salud  y damos votos para que pronto este con nosotros, sabemos de su fortaleza y su fe inconmensurable por la vida.
Navidad es tiempo para buenas lecturas. En estos días han llegado a mi excelente libros. En pleno proceso de acuerdo  entre el gobierno colombiano y la FARC en la Habana, el libro “ASI EMPEZO TODO”, de Enrique Santos Calderón, es un lectura esclarecedora,  releva lo que significa para el país las conversaciones en la isla, entrega todos los avatares de los primeros acercamientos con las peripecias que el mismo requería, por el entrecruzamiento de intereses y el propio conflicto armado, el hecho evidente, que el presidente Santos desde el principio dejó entrever las posibilidades del dialogo, lo que significó un distanciamiento con la obcecada actitud del centro democrático, en Cabeza del Doctor Álvaro Uribe, quien ha hecho una oposición a ultranza y recalcitrante, aunque legitima vale la pena reconocer. Desde las columnas de contraescape, hemos disfrutado de la prosa de Enrique, clara de sobremanera, ordenada, encarretadora y lúcida, con la hondura de quien ha estado en los últimos 25 años cercano a todos los dialogos entre la insurgencia y los diferentes gobiernos, al cumulo de frustraciones del país en este tema y los nefastos efectos de una guerra interminable. Es libro fue escrito para leer de una sola sentada en cualquier tarde apacible de este diciembre.
Intermedio Editores publicó “La nostalgia de las almendras amargas”, que recogen todas las columnas de Gabriel García Márquez, en la revista “Cambio 16” entre 1999 y 2002, están incluidas tres entrevista hechas al maestro publicadas en el periódico el tiempo, una muy antigua en Barcelona, con Daniel Samper Pizano y otra del mismo autor en 1990, la otra es una conversación con Roberto Pombo. La prosa de Gabo no requiere de ninguna presentación, deja ver, la experticia de un hombre que nunca abandono su rol como reportero y periodista consumado, de este oficio recogió sus mejores herramientas en materia narrativa. El prólogo escrito por Juan Esteban Constain Croce, es absolutamente encantador, sobra decir que es uno de mis escritores favoritos. Recordé los excelentes prólogos de  López Michelsen, en este arte pocas plumas se salvan, es muy difícil hacer la presentación de un texto sin entrar cacofonías e insustancialidades que los hacen ineficaces y un estorbo para el lector.
El otro texto que quiero aconsejar sin mayores comentarios, es la “Pantalla de plata” de Carlos Fuentes, el cual no es otra cosa que el itinerario de su relación personal con el cine, es una crónica autobiográfica alrededor del séptimo arte. De un deleite absoluto, apto para estos tiempos de saudade.


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jueves, 4 de diciembre de 2014

GUILLERMO MARTINEZ

Estaba por escribir sobre el primer premio  hispanoamericano del cuento Gabriel García Márquez, otorgado a este excelente escritor Argentino por su libro Una felicidad repulsiva. Este es un artículo que publique hace dos o más años que aún mantiene  vigencia y que habla de  la calidad de este joven creador:
La relación entrañable entre las matemáticas y la literatura tiene una historia inabarcable que suele reafirmarse a cada rato. Hay puntos de convergencia sutiles de este contubernio exquisito: “el lenguaje matemático utilizado desde el período helénico hasta nuestros días, se ha caracterizado por su precisión, claridad y exactitud; atributos que por cierto, en opinión de muchos autores -como Pío Baroja-, deberían estar incluidos en el estilo de cualquier escritor.”[1] El escritor más emblemático en este campo es Bertrand Arthur William Russell, su biografía es una extensa e intensa diatriba entre estos mundos, entre el rigor de los números y lo volátil de la expresión y el lenguaje, entre lo racional y lo especulativo, paralelos que implicaban una mirada diferente de la literatura. Guillermo Martínez es un joven escritor Argentino de una calidad impresionante, con un estilo muy diferente a todos y cuya literatura está marcada por una estrecha relación con las matemáticas. Su novela “Crímenes imperceptibles”, es una novela policial, fresca, de una lectura en apariencia simple, pero que encubre una factura narrativa muy seria y precisa, ágil en todo caso, se lee sin ninguna complicación a pesar de algunos temas en apariencia difíciles que conjuga los lenguajes matemáticos de Wittgenstein, el teorema de Godel, con el desciframiento de un asesinato con un sorprendente desenlace. Algunos libros de ensayo suyos, muestran la pasión por los números: Borges y las matemáticas”, es uno de ellos. Aquí como sabiamente lo expresa su reseña se “ilumina la relación estética entre la literatura y la matemática, rastrea los elementos de esta ciencia en la obra de Borges y demuestra la articulación profunda de los mecanismos de abstracción y estructuración lógica en sus relatos, en su estilo y en su credo artístico.” Descifrar el “desafío es hablar para aquellos “que sólo saben contar hasta diez”, y nos guía, con la máxima sencillez pero sin perder nunca profundidad, a través de los diálogos secretos entre el gran escritor argentino y personajes de la talla de Pascal, Russell y Poe.” Con Gustavo Piñero escribieron un exquisito ensayo sobre Godel, para hacerlo accesible, aquí se describen con “una exposición detallada, rigurosa, pero de extrema suavidad, totalmente autocontenida como Kristeva, Lacan, Debray, Deleuze, y Lyotard, han invocado a Gödel y sus teoremas en arriesgadas analogías. El texto “ Acerca de Roderer “ en donde se narra la lucha entre la inteligencia y el genio entorno al juego de ajedrez, expresa magistralmente la narrativa de Guillermo, nos explica sutílmente, los paralelos entre la expresiones comunes del hombre y ciertos lenguajes especiales. Como siempre, solo espero contribuir a la lectura de un autor que ya es un mito en Buenos Aires.
DATOS:
Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962). Se radicó en Buenos Aires en 1985, donde se doctoró en Ciencias Matemáticas. Posteriormente residió dos años en Oxford, Gran Bretaña, con una beca de postdoctorado del CONICET. En 1982 obtuvo el Primer Premio del Certamen Nacional de Cuentos Roberto Arlt con el libro La jungla sin bestias (inédito). En 1989 obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las Artes con el libro de cuentos Infierno Grande (Planeta). Su primera novela, Acerca de Roderer (Planeta, 1992), tuvo gran recibimiento de la crítica y fue traducida a varios idiomas. Publicó después La mujer del maestro (novela, Planeta 1998).
En 2003 apareció el libro de ensayos Borges y la matemática (Seix Barral) y obtuvo el Premio Planeta Argentina con Crímenes imperceptibles, novela que fue traducida a 35 idiomas y ha sido llevada al cine por el director Álex de la Iglesia, con el título Los crímenes de Oxford y un casting que incluye a John Hurt y Elijah Wood.
En 2005 publicó un libro de artículos y polémicas sobre literatura: La fórmula de la inmortalidad (Seix Barral). En 2007 apareció su última novela, La muerte lenta de Luciana B., contratada hasta el momento para traducciones a veinte idiomas, y votada por la crítica en España entre los diez mejores libros de 2007.
En 2009 publicó en Seix Barral el ensayo Gödel (para todos), en colaboración con Gustavo Piñeiro.
Participó del Internacional Writing Program de la Universidad de Iowa y obtuvo becas del Banff Centre for the Arts y de las fundaciones MacDowell y Civitella Ranieri. Colabora regularmente con artículos y reseñas en La Nación y otros medios. Fue jurado de los principales premios literarios: Alfaguara, Planeta, Emecé, La Nación-Sudamericana, Fondo Nacional de las Artes.
Uno de sus cuentos ha sido publicado recientemente en el New Yorker. Es uno de los escritores argentinos más traducidos en el mundo.






viernes, 28 de noviembre de 2014

TERCER CONVERSATORIO DE GOTAS POETICA EN DIRATO LIBROS


Continuando el itinerario que nos habíamos trazado hace dos meses con la señora María Jaramillo Villegas, gestora de Gotas Poética en su programa Entre Amigos, hoy viernes 28 de noviembre del presente año, estamos realizando un conversatorio orientado por don Jairo Morales, emérito del programa escritores de la Biblioteca Pública Piloto, y el tema puesto en escena por el doctor Luis Fernando Múnera, pariente de la familia Cano: Como dice el poeta … Familia de pluma que escribieron las historias/ de libertad, trabajo y paz… En esta oportunidad se hablará de María Cano, líder política; de Fidel Cano, periodista; de Francisco Antonio Cano, pintor; y de Rodolfo Cano y de Luis Carlos Tejada Cano.

La familia Cano, inteligente, ha colaborado con la república en todos los tiempos y ha sacrificado, incluso sus vidas, por dejar el legado a las nuevas generaciones. Gotas poéticas a más de regodearse con esta calidad, invita a Entre Amigos, manifestar al público en general, lo que conocen de ella.




miércoles, 12 de noviembre de 2014

LAS NOVELAS QUE DEBERIAMOS LEER INDEFECTIBLEMENTE II


Existe otro grupo de novelas para esta antología, importantes para la literatura, pero significativas en lo personal, por la experiencia que constituyó su lectura, por el impacto y la alucinación que me produjo en su momento y por el hecho que, sus relecturas siempre son frescas y deparan gratas sorpresas. Su valor  está descontado, así lo ratifican innumerables estudios. Hablare de los aspectos más relevantes desde un perspectiva hedónica y estética.  La lista es la siguiente:


1.- El viejo y el mar de Ernest Hemingway.


2.- El sonido y la furia de de William Faulkner


3. -Auto de fe de Elías Canetti


4.- El proceso de Franz Kafka


5.- la náusea de Sartre


“ El viejo y el mar” de Hemingway: Esta fue una de las experiencias más inolvidables como lector.  Este pequeño libro,  es criticado por los expertos por su frágil estructura, en lo personal, creo que esta es una de sus mayor virtudes, porque esta relatado con todas las armaduras del buen periodista, con la lógica de un cronista, para atrapar al lector desde el inicio. Esto no le quita su valor literario. A la fecha de su aparición ya se  habían publicado sus grandes novelas: “Por quién doblan las campanas” y “Adiós a las armas”. Que impacta en este libro: Su historia, nos cautiva desde el principio, nos atrapa, para decirlo en términos coloquiales, no queremos soltar el libro nunca, cuando esto sucede, no cabe duda, que se vive como lector una experiencia inigualable. Después, su protagonista, nunca se nos olvidará, este personaje de ficción nos acompañará toda la vida, la novela gravita alrededor de su personalidad, excepcional, sin par,  está perfectamente descrita. Es un viejo marinero en la última etapa de su vida, desprestigiado por el hecho de llevar 84 días de pesca sin ningún resultado,” aparentemente  sin nada que ganar o perder”, pero que en todo caso, no enseña como la lucha por la vida debe emprenderse todos los días con el mismo valor y de manera irrenunciable. Estas 120 páginas, son  un ejemplo de buena literatura, de esos libros de referencia permanente y que no dudo en aconsejar. Tiene valores literarios incuestionables.  Es una historia vigorosa, de una factura impecable, en su última parte la naturaleza le infringe al pescador una derrota que se constituye en su mayor triunfo, pero este hecho desde la perspectiva narrativa, es una virtud del escritor, quien cierra la obra de manera perfecta, las dotes del periodista quedan expuestas.


EL “SONIDO Y LA FURIA” DE FAULKNER. El título de la novela alude a un soliloquio del acto 5, escena 5 del Macbeth de Shakespeare. La descripción de la novela hecha por Wilquipedia es muy buena: “Novela influida por el Ulises de Joyce, narra la decadencia y destrucción final de un viejo linaje del tradicionalista sur de Estados Unidos (el famoso Deep South) o sur profundo, desde el punto de vista de los últimos sobrevivientes degenerados de dicha familia. Los Compson, protagonistas de la decadencia familiar son presentados en las voces de tres de sus miembros y de Dilsey, la sirvienta negra, considerada como de la familia por la cantidad de años que lleva al lado de ellos. De este modo, cada una de las secciones del libro es algo así como el testimonio de uno de los Compson. Está narrada por varios personajes. La primera sección es la relatada por Benjy, un débil mental para quien el mundo, su mundo, se basa más en percepciones que personas y objetos. La segunda sección es la relatada por Quentin Compson, hermano del anterior, poco antes de suicidarse en Harvard, Massachussets. La tercera parte es relatada por Jason, también hermano de los anteriores. La cuarta parte, según el propio Faulkner es la única que no es relatada por un miembro del clan Compson, sino por él mismo. Esta última parte, sin embargo, está construida como un punto de vista de tercera persona focalizada en Dilsey, la sirviente negra de la familia Compson. Esta sección permite reordenar y dar sentido a las acciones y pensamientos de los demás personajes. Existe un personaje Compson que no relata, Candace (Caddy), la hermana de los otros tres Compson". Esta estructura narrativa dota a la novela de una sensación polifónica, en la cual los hechos son presentados bajo el punto de vista de distintos narradores con su peculiar manera de ver los mismos hechos que se narran en el fondo.” Que me impacto de su lectura. Fue como entrar a las grandes ligas de la literatura. Reconocer, todo lo que se puede hacer desde la novela. Disfrute, si se puede llamar, las alucinaciones del monologo interior. No es fácil leerlo, pero una vez la narrativa se sobrepone a los intrincados laberintos verbales, el libro resulta ser un encanto e inolvidable. Faulkner es el escritor de los escritores. Influyó en todos los novelistas grandes del Boom Latinoamericano y existen alusiones de Gabo y fuentes sobre su obra y personalidad excepcionales. He dicho siempre, quien tenga pretensiones como escritor debe leer a Faulkner.


“AUTO DE FE” DE ELÍAS CANETTI:  en medio de la pasión que representaba para mí la lectura,  el universo fascinante de la escritura y los libros en general, con tan solo quince años, este autor fue un descubrimiento total, gracias a esta novela excepcional, desde donde se le mire. Narra la vida de un sinólogo, un intelectual a carta cabal, que vivía solo entre libros y quien sobrevive una historia siniestra de la mano de una mujer.  Estos  personajes y  el tema estaban por fuera de todo lo que yo había leído hasta la fecha y  reflejaba toda la hondura intelectual, de este excelente escritor, que descifró el fascismo y las tramas del poder, para someter al hombre en todas sus dimensiones. Después leí, “Masa y Poder”, el otro proceso de Kafka y sus memorias, que siempre están en mi mesa de noche.  Auto de fe, Canetti cuenta en sus memorias, nació de una imagen que, como un pequeño demonio pertinaz, lo obsesionaba: un hombre que prende fuego a su biblioteca y arde junto con sus libros. Mario Vargas Llosa, escribió sobre esta novela, con absoluta lucidez: La dificultad mayor que ofrece no es entender lo que en ella sucede sino, más bien, hacerse una idea coherente del conjunto de episodios que la componen. Éstos, aislados, son muy claros: hechos triviales o truculentos; banalidades domésticas y desmesuras visionarias; los estereotipos y clisés pequeño burgueses que surten sin tregua de la boca y la mente de un ama de llaves y las reflexiones extravagantes de un orientalista neurótico; las sórdidas brutalidades de un portero matón y las hazañas delincuentes de un enano jorobado salido del hampa; complicaciones callejeras de una absurdidad demencial, enredos burocráticos, crímenes y violencias de todo orden. Cada uno por separado, todos estos sucesos son inteligibles y están dotados de poder persuasivo. Por su concatenación, en cambio, es difícil de establecer; la relación de causa a efecto que los vincula o debería vincularlos es tan soterrada que, con frecuencia, se eclipsa. Las bruscas mudas de tono, contenido, humor y sentido entre episodio y episodio resultan a veces desconcertantes. También a este respecto es instructivo el testimonio de Canetti: «Un día se me ocurrió que el mundo no podía ya ser recreado como en las novelas de antes, es decir, desde la perspectiva de un escritor; el mundo estaba desintegrado, y sólo si se tenía el valor de mostrarlo en su desintegración era posible ofrecer de él una imagen verosímil.» Para mí, significo descubrir las trampas de la razón, la relación íntima entre poder y saber y el descubrimiento de la pervertida naturaleza humana que todo lo puede”.  Al principio de la novela, me sorprendió que un personaje pudiese leerlo todo, conocerlo. Después comprobé con Borges, muchas de las realidades descritas con este personaje.


De Franz Kafka, había leído la “Metamorfosis “, una obra que significó el abre te sésamo de la literatura.  Aprendí, En una novela cabe todo. Vargas Llosa en el prólogo de su excelente libro la verdad de las mentiras decía: “En efecto, las novelas mienten —no pueden hacer otra cosa— pero ésa es sólo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que sólo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es. Dicho así, esto tiene el semblante de un galimatías. Pero, en realidad, se trata de algo muy sencillo. Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos —ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros— quisieran una vida distinta de la que viven”. El proceso develo las tramas del poder y la  burocracia desde la perspectiva del sujeto, de quien la padece, que parece nunca comprender que es lo que está sucediendo. En muchas novelas intuimos que va a pasar, con el proceso, quedamos lelos, no sabemos nada, como el protagonista, vivimos una ansiedad inexplicable frente a los hechos. “En el relato, Josef K. es arrestado una mañana por una razón que desconoce. Desde este momento, el protagonista se adentra en una pesadilla para defenderse de algo que nunca se sabe qué es y con argumentos aún menos concretos, tan solo para encontrar, una y otra vez, que las más altas instancias a las que pretende apelar no son sino las más humildes y limitadas, creándose así un clima de inaccesibilidad a la 'justicia' y a la 'ley'. “Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, fueron a detenerlo una mañana". Un par de funcionarios detienen al gerente bancario Josef K., limitándose a decirle que se encuentra procesado. Desde ese momento Josef K. es sujeto de un asfixiante procedimiento judicial que poco a poco se apodera de su vida; es interrogado en infectas dependencias de tribunales decadentes, instalados en buhardillas de la periferia; es espectador de extrañas situaciones relacionadas a los burócratas que lo rodean y conoce a personajes que parecen querer ayudarlo, pero son tan impotentes como él frente a las muchas instancias y niveles del poder judiciales. Todos, como señala Titorelli el pintor, son parte del tribunal.  Nadie había descifrado el poder con tanta perfección. Ahora que vivimos inmersos entre sus telarañas, comprendemos la grandeza de este excelente novelista.  Es acertado la frase del  escritor Peruano Mario Vargas Llosa: ?Los hombres no están contentos con su suerte, y casi todos, ricos y pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros; quisieran una vida diferente a la que viven, y para aplacar tramposamente ese apetito, nacieron las ficciones?.


La Nausea de Sartre, marco un hito para la juventud. Esta es la novela filosófica por antonomasia. Nosotros que fuimos ídolos del pensador Francés, encontramos en esta novela, la encrucijada del ser, en el marco de la sociedad moderna, cifrado en una excelente narración y un argumento difícil, pero servil al propósito del escritor, que no era otro que, declarar la existencia de un absurdo. “Todala novela surge del diario personal que lleva minuciosamente, y fechado, Roquentin. Con detalle estampa sus impresiones cotidianas, con una lenta morosidad que mucho tiene que ver con ese mundo absurdo y solitario en que está inserto. El acercamiento a los descubrimientos filosóficos fundamentales, se va dando de a poco, como la aproximación al clímax de una revelación mística”. “Roquentin vive en un mundo sin sentido. Lo asombra comprobar que los buenos burgueses de la ciudad, no adviertan estos aspectos de la realidad, que para él son tan evidentes. Un alejamiento profundo lo distancia de todo lo que lo rodea, y, finalmente, lo distanciará de la obra misma en que está trabajando. El Marqués de Rollebon dejará de interesarle y abandonará su ficticia o engañosa vocación de historiador”. Esta novela ahora tiene más vigencia que nunca. Su relectura me produce una ansiedad, que no es otra cosa que la confirmación de los buenos dotes del escritor.


Estas novelas en lo personal han marcado mi vida y constituyen para el siglo veinte una muestra representativa del género. Así lo ha ratificado la crítica especializada. Sobra decir, que deberán ser leídas, para poder conocer su magia. Amanecerá y veremos.





lunes, 10 de noviembre de 2014

ALGUNOS AMIGOS MEMORABLES DE DIRATO


Dirato es un café que se enorgullece de sus clientes, a nuestro sitio llegan todo tipo de personas, amables casi todas,  enriqueciendo el lugar con sus experiencias y generando una especie de reserva intelectual, que nos permite abrirnos en múltiples temas.
En los últimos meses nos ha enaltecido la presencia de un ingeniero de Minas, quien a pesar de su figura de veterinario de pueblo y enamorador de solteras, nos ha sorprendido por su conocimiento y amabalilidad en un país, como no los ha enseñado, rico en minería y poco consciente de sus riquezas.
Carlos Ramos, parece un personaje de los descritos por José Camilo Cela en su novela “La colmena”, amable, como los niños traviesos, imprudente, pero lleno de conocimientos, leal de sobre-manera.

Este café le agradece su presencia y lo aportes suyos que nos liberan del aburrimiento. Le expresamos nuestra gratitud y esperamos siempre contar con sus inteligentes y repentinos apuntes.