viernes, 23 de mayo de 2014

JOSE RUFINO CUERVO


Fernando Vallejo, dictará una conferencia sobre José Rufino Cuervo, sobre el que está preparando una biografía. Vallejo, indudablemente es muy riguroso en sus estudios, sus trabajos sobre Silva y Porfirio lo confirman. Muchas veces le ha recordado al país su insomnio imperdonable con ciertos personajes, la importancia de este filólogo, dentro de la historia cultural del país, para la literatura y para aquellos estudiosos de la lengua castellana. No sé, si repetirá algunos de los apartes del escrito aparecido en Malpensante, en todo caso, la ocasión está, para alquilar balcón.

La vida de Rufino da para una buena novela. Son pocos los trabajos accesibles al público muy a pesar de conocer que, en la biblioteca del instituto hay muy valiosos documentos, que no están en la red. “Hijo de Rufino Cuervo, vicepresidente de la República durante el mandato del general Tomás Cipriano de Mosquera, y de doña Francisca Urisarri, dama de ascendencia vascongada, piadosa y de agradable trato, que conservó en su familia las austeras y puras tradiciones de sus antepasados, Rufino José fue el último de siete hermanos, tres de los cuales murieron en la niñez y juventud”. Su familia fue vital para su formación. Es un hecho indiscutible la ascendencia de una excelsa burguesía, letrada para su favor, le permitió una formación excepcional para la época.

Silvia Rojas, en un trabajó publicado en la red, hace una síntesis detallada de lo que fue su educación:

 Su intensa religiosidad y devoción por la ciencia, posiblemente resultado de la influencia de sus antepasados, donde se cuentan un presbítero, un obispo, un arzobispo, próceres de la Independencia de la Nueva Granada, gentes relacionadas con el gobierno, militares, exploradores, escritores y naturalistas, fueron los aspectos que marcaron su vida. Bautizado por el ilustrísimo señor Manuel José Mosquera, amigo de su padre, su infancia transcurrió en la casa paterna, ubicada cerca de la catedral, donde vivían las familias distinguidas. Allí recibió, directamente de su padre, las primeras enseñanzas, debido al caos en que se encontraba la educación después de la expulsión de los jesuitas en 1850. Su enorme capacidad de asimilación y observación permitió que los preceptos y normas visto en el padre y captadas en la tradición familiar, fueran moldeando su espíritu; por otra parte, los elementos de geografía y gramática que recibió durante su primera educación, fueron decisivos en el desarrollo de sus posteriores estudios sobre la lengua. Muerto su padre en 1853, Cuervo ingresó al Liceo de Familia, dirigido por su hermano mayor Antonio Basilio, donde enseñaban profesores como Pedro Fernández Madrid, el ex presidente José Ignacio de Márquez y Antonio José de Sucre, quien viendo la disposición para los idiomas de Cuervo y Miguel Antonio Caro, los separó de los demás alumnos, para darles lecciones especiales de latín y castellano. En 1860 Cuervo estudió con don Santiago Pérez, quien introdujo las enseñanzas gramaticales de Andrés Bello en Colombia. En 1861 estudió lógica en el Colegio San Bartolomé, pero su permanencia allí fue corta, puesto que la comunidad jesuita fue nuevamente expulsada del país. Así, a causa de la inestabilidad política y social imperante en Colombia, la educación intelectual de Cuervo no pudo ser continua, coherente y metódica; con todos los claustros clausurados en 1861, su educación llegó a un fin prematuro cuando tenía 17 años.
Después se dedicó a la enseñanza, dicen sus biógrafos, que fue por necesidad, lo cierto es que en estos menesteres, su proceso de formación se consolida. Vallejo recuerda:


A los 23 años, y con su amigo Miguel Antonio Caro, de su edad, Rufino José escribió una gramática latina, verdaderamente portentosa. Y a los 28, ahora solo, el primer libro de dialectología de la lengua castellana, las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano.

Estaba perfilado a temprana edad un filólogo fuera de serie, una autoridad inigualable, un lingüista a carta cabal y gramático sin par, en un siglo en que Bogotá era relevante por el culto del idioma. Al respecto, Silvia Rojas escribe:


Según Fernando Antonio Martínez, este trabajo fue considerado por la Real Academia Española, una obra magistral y la mejor de su género escrita en castellano>. Caro y Cuervo, las dos figuras más notables de la filología, aparecen aquí unidas en el plan pero distanciadas en el desarrollo. Según Martínez, la analogía, parte que correspondía a Cuervo, fue considerada como un análisis sagaz; la sintaxis, ejecutada por Caro, una síntesis completa. Así, la Gramática latina revela el trabajo conjunto de un erudito de la lengua y un filósofo del idioma.

Estamos frente a un filólogo en armas, completo, con preocupaciones muy puntuales y de seguro, predestinado a cumplir una tarea descomunal. Vallejo lo sintetiza magistralmente:

Cuervo quiso apresar un idioma de mil años, de la A a la Z. Empresa tan imposible como la de quien quisiera meter en un balde al río Cauca.

Recuerda Vallejo como “En el siglo XIX el castellano se estaba afrancesando; hoy es un adefesio anglizado. La lucha del presidente Marroquín, de la Academia Colombiana de la Lengua, y la de sus compañeros Caro y Cuervo contra los ques y los gerundios galicados fue en vano.” Es un hecho, existía una preocupación científica por el idioma:

“Su meta era elaborar un diccionario que reuniera las etimologías, las autoridades y las comparaciones. Pero consciente de que esta labor le era imposible, puesto que no contaba con los elementos necesarios para un trabajo de tal envergadura, Cuervo decidió sacrificar su ambición y reducirse a lo posible: en lugar de un diccionario general, elaboraría otro, en el cual figuraran solamente las palabras que tuvieran un valor sintáctico importante en la frase. Así, en 1872 Cuervo comenzó la lectura de los clásicos, subrayando las palabras notables de cada escrito. El léxico, las construcciones sintácticas de todos y cada uno de los maestros de la lengua, fueron quedando fijados poco a poco en tarjetas. “

Este trabajo, que implicaba una dedicación total por la magnitud de la empresa, les llevó a él y a su hermano Ángel a tomar decisiones todas encaminadas a este propósito, la más radical, quedarse en Paris. El primer viaje fu 1878 y el definitivo en 1882.


En esta etapa de su vida, se consolida su obra mayor, igualmente se ganó un prestigio y respeto como filólogo en la ciudad luz, que le permitió granjearse con una pléyade de estudiosos del viejo continente y mantener un intercambio epistolar, cuya consulta resulta imprescindible para entender gran parte de su trabajo.


Vallejo al respecto dice:


“Lo que en cambio sí no nos contó Ángel fue el segundo viaje, que es el que a mí me importa: el que para él duró 14 años y para su hermano 29 y que para los dos terminó en la muerte, en París. Murieron ambos sin volver. ¿Extrañando a Colombia? Es lo que quisiera saber. ¿Pero cómo? ¿Cómo si lo que nos dejó Rufino José, quitando su diccionario empezado, fueron centenares de cartas de una correspondencia con lingüistas, hispanistas y filólogos de toda Europa? Con Pott, Schuchardt, Volmöller, Blumentritt, Tannenberg, Morel Fatio, Foulché Delbosc, Dozy, los más grandes de su tiempo.”

Como describir y descifrar aspectos de una personalidad excepcional a partir de su correspondencia, de los testimonios de la época y del propio trabajo de José Rufino, será tarea de sus biógrafos. Dice la ensayista Silvia, con acierto sobre esta época:


"Tres años después, en 1882, su anhelo de varios años se hizo realidad: los hermanos Cuervo cedieron la cervecería, y viajaron a París, donde se radicaron. Recorrieron toda Europa, Tierra Santa, Egipto y Arabia, estudiando a fondo las lenguas de esos pueblos, estableciendo amistad con sus gramáticos y adquiriendo colecciones de sus literaturas. La vida parisiense de Cuervo se puede asimilar a una existencia de carácter religioso. Iniciaba su trabajo cotidiano al alba, dedicándose especialmente al Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana. Las obras de Cuervo se ubican dentro del pensamiento lingüístico dominante en su época, y la manifestación de su pensamiento científico, que se refleja en su actividad de investigador, podría señalarse en su idea del lenguaje. Para Cuervo, el lenguaje es un mecanismo que está en constante transformación, de acuerdo al tiempo y a los constantes cambios de la sociedad. De esta manera, la lengua puede modificarse hasta el punto de convertirse en otra, lo que implica que el idioma no es idéntico ni en el tiempo ni en el espacio. La lengua es un conjunto de hechos que se explican históricamente, además, se debe tener presente que el clima, el dominio de ciertas profesiones y la naturaleza realzan ciertos elementos que introducen nuevas asociaciones de ideas; así se origina una alteración lingüística cuyos principales agentes son la evolución fonética y la analogía. Pero esta alteración no sólo se produce en el lenguaje figurado o en maneras generales de expresión, sino también en la forma material de las palabras y su construcción, donde las palabras se agrupan de acuerdo a su significado o forma. Estos elementos fueron los supuestos teóricos que sostuvieron su tesis de la fragmentación del español en América. Por otra parte, la obra de Cuervo se encuentra compenetrada con los principios de la lingüística del siglo XIX, en la cual predominaban el historicismo, el radicalismo y el positivismo, junto a la idea de ajuste a la realidad, a los puros hechos. Cuervo, trabajando conforme al método del positivismo, veía en la historia un concepto realmente fecundo y le daba la importancia requerida, ya que, en cierto modo, los estudios gramaticales de índole descriptiva lo llevaban a explorar y determinar a través del tiempo las variaciones de la lengua, según dice Fernando Martínez. Así, este concepto domina en todos los trabajos de Cuervo, pero lo aplica de una manera rigurosa en dos escritos: "Disquisiciones sobre, antigua ortografía y pronunciación castellanas" y "Los casos enclíticos y proclíticos del pronombre de tercera persona en castellano".

Alguien debería atreverse a reconstruir este itinerario en una novela. Están todos los elementos para un trabajo de este tipo. Vallejo, termina su artículo para la revista “Malpensante” con algunas preguntas muy interesantes, que deberán ser resueltas, pues constituyen una suma importante de inquietudes de su biografía. Termina Vallejo con este acápite:

"¿Cómo pudo vivir Rufino José sin su hermano Ángel 15 años? Quince años solo. ¿Y por qué dejó el Diccionario de construcción y régimen empezado, en el volumen 2 y en la letra E, si ya tenía el fichero para la totalidad de las letras y el dinero para imprimir la obra completa? ¿Por qué no siguió? ¿Porque se desilusionó de su obra? ¿Porque vio lo inútil que era? Inútil es todo, don Rufino José, la vida misma, que uno llena con otras inutilidades. La máxima locura que ha producido la raza hispánica, por sobre la de Don Quijote, es la tuya, tu diccionario, delirante, desmesurado, hermoso con la hermosura que tienen las grandes obras sin sentido ni razón. Pretendiste apresar en siete tomos todo el caudal de tu idioma. Imposible. El idioma es como un río que no agarra nadie. El río fluye y se va. El idioma es fugaz, deleznable, cambiante, pasajero, traicionero. Como Antioquia."


Este es un hombre muy grande para nuestras letras, la tarea es divulgar su obra y su vida, pues solemos olvidar muy fácilmente. 



CESAR HERNANDO BUSTAMANTE

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